La escena se repitió durante años cada verano en el Gran San Miguel de Tucumán: canillas que despedían aire, presión que caía en barrios enteros y camiones cisterna abarrotados de vecinos desesperados. Un área metropolitana que creció sin que su sistema de agua potable creciera junto a ella. La solución siempre tuvo nombre y lugar: Vipos, un pequeño paraje al norte de la capital, donde el río homónimo baja desde las sierras y donde, desde hace casi cien años, se capta el agua que abastece a cientos de miles de tucumanos. Sin embargo, las obras que debían transformar ese sistema -ampliar su capacidad, modernizarlo y llevarlo a las necesidades actuales- esperaron más de catorce años para comenzar a materializarse hoy en un escenario diferente.
A mediados de este año, el gobernador Osvaldo Jaldo firmó en el Ministerio de Economía, en Buenos Aires, el acta de adjudicación del nuevo acueducto de Vipos junto a las autoridades nacionales. No obstante, días después, una revelación legislativa encendió la alarma: en partidas que parecían aseguradas, se notaba una reducción en los fondos presupuestados. La controversia duró semanas, cruzó tuits y declaraciones oficiales, y puso sobre la mesa una pregunta que Tucumán lleva años haciéndose: ¿esta vez sí?
INFRAESTRUCTURA CENTENARIA AL LÍMITE
El sistema de abastecimiento de agua potable del Gran San Miguel de Tucumán descansa sobre una infraestructura construida en su núcleo esencial hace casi 94 años. La toma actual en el río Vipos, que data de 1932, transporta alrededor de 2000 m3 por hora hacia la planta potabilizadora de Villa Muñecas, donde el agua cruda recibe tratamiento antes de ser distribuida. Ese caudal, que pudo haber sido suficiente para la ciudad durante las primeras décadas del siglo pasado, resulta dramáticamente insuficiente para una región que hoy supera el millón de habitantes y que continúa creciendo con una aceleración sostenida.
Tafí Viejo, Villa Carmela, Cebil Redondo, Tapia y decenas de barrios periféricos de la capital requieren agua que el sistema no puede garantizar de manera estable. Según datos de la propia estatal Sociedad Aguas del Tucumán (SAT), una vivienda promedio en la provincia consume alrededor de 500 litros diarios, cinco veces más de lo que recomienda la OMS. La red, diseñada en un contexto de otros tiempos, funciona al límite estructural. Es así como, en cada verano, el aumento del consumo, los cortes de suministro y la tensión social se disparan.
Frente a esa realidad, el proyecto de ampliación del acueducto de Vipos no es una novedad conceptual: lleva años circulando en los escritorios de ingenieros, funcionarios y organismos de financiamiento. Lo que cambió en los últimos meses es que dejó de ser un proyecto para convertirse, al menos formalmente, en una obra en marcha.
CINCUENTA KILÓMETROS DE SOLUCIÓN
El nombre oficial completo del proyecto es «Optimización del Servicio de Agua Potable para la Comuna de Tapia, Ciudad de San Miguel de Tucumán, Tafí Viejo y Villa Carmela». Detrás de esa denominación técnica se esconde la obra hídrica más ambiciosa que Tucumán ha encarado en varias décadas. Para el titular de la SAT, Marcelo Caponio, en diálogo con El Constructor, “en números, las obras en su conjunto beneficiarán a casi 400.000 tucumanos. Su desarrollo -agrega- está compuesto por cuatro grupos de obras interconectadas. El primero consiste en una nueva obra de captación sobre el río Vipos, que permitirá tomar agua cruda en mayor volumen. A 700 m. de ese punto de toma, el segundo componente a instalar contempla la construcción de una planta potabilizadora nueva en el propio río. Un cambio radical respecto al esquema actual, donde el agua cruda viaja decenas de kilómetros hasta Villa Muñecas para ser tratada. Una vez potabilizada en origen, el agua descenderá por gravedad a través del tercer componente: más de 50,6 km. de acueducto nuevo, que se construirá de manera paralela al existente y que elevará la capacidad de conducción de los actuales 1200 hasta 3600 m3 p/hora, triplicando el caudal disponible. Por último, el cuarto grupo de obras contempla cinco cisternas de reserva distribuidas estratégicamente: una en Tapia, con 480 m3 de capacidad; una en Villa Carmela, con 9900 m3; una de 24500 m3 en San Miguel de Tucumán; y dos en Tafí Viejo, de 12300 y 10000 m3 respectivamente”.
El cambio técnico más relevante tiene que ver con la ubicación de la potabilización. Actualmente, el agua cruda va hasta la planta potabilizadora en Villa Muñecas, ahí se potabiliza y se distribuye. Ahora, la planta de tratamiento se va a hacer en Vipos, y el agua ya potabilizada va a bajar por pendiente. “Este diseño -afirma Caponio- no sólo es más eficiente energéticamente: aprovecha la diferencia de altura entre Vipos y la ciudad, sino que garantiza mayor calidad del agua que llega al grifo”. De esta manera, la traza de los 50 km. estará liberada en su totalidad, sin obstáculos prediales que puedan demorar la ejecución.
Sobre la inversión y los plazos previstos, el presidente de la SAT detalla: “este nuevo acueducto demandará una suma de $ 180.000 millones (cerca de USD 150 millones), financiados por el Banco Interamericano de Desarrollo (BID). Es por eso que se trata de la obra hídrica más importante de los últimos años. En cuanto al tiempo necesario para su ejecución, será de aproximadamente 42 meses. Es una obra pensada para el futuro, que no necesariamente será inaugurada por esta gestión”.
El proceso que finalmente derivó en la adjudicación comenzó a acelerarse durante 2025, cuando el organismo organizó una jornada de reconocimiento de terreno a la que asistieron más de diez empresas nacionales interesadas. De esta manera, el recorrido por la traza desde la toma de Vipos hasta San Miguel de Tucumán marcó el inicio formal del proceso licitatorio. Con un poco de retraso, pero con la dirección general firme, finalmente en abril pasado la elección quedó formalizada. La adjudicación fue para José Cartellone Construcciones Civiles, una de las contratistas más grandes e históricas de obras de infraestructura en nuestro país.
El impacto social proyectado es significativo. La cifra cercana a los 400.000 beneficiarios directos e indirectos mencionados en documentos del Enohsa (Ente Nacional de Obras Hídricas de Saneamiento, dependiente del Ministerio de Economía) se desglosan en aproximadamente 200.000 personas cuya calidad de servicio mejorará sustancialmente, y otros 200.000 que podrán acceder al servicio a partir de nuevos desarrollos urbanísticos que hoy no tienen factibilidad hídrica. En particular, Tafí Viejo y el norte de Trancas cuentan con una presión demográfica creciente que el sistema actual no puede absorber
DE ANUNCIO A REALIDAD
Lamentablemente, Tucumán ha aprendido a desconfiar de los anuncios de obras hídricas. La historia del acueducto de Vipos está jalonada de jornadas fotográficas, de expedientes que avanzan y retroceden, de licitaciones que se abren y se caen. Por eso, la pregunta que muchos coterráneos se hacen en voz baja no es si la obra es necesaria -nadie lo discute-, sino si esta vez llegará a completarse.
Los elementos objetivos hoy indican que el escenario es más sólido que en intentos anteriores. El financiamiento del BID es concreto, está comprometido y tiene un destino específico, lo que lo hace menos vulnerable a los vaivenes del presupuesto nacional. En esa dirección, la adjudicación está formalizada y la empresa principal tiene nombre y monto asignado. Sin embargo, también persisten interrogantes. A nivel global, el ajuste nacional en obra pública es evidente, y cualquier componente que dependa de fondos de contrapartida local o nacional podría verse afectado. La capacidad de gestión de la SAT para administrar una obra de esta magnitud -la más trascendente en su historia reciente- estará bajo la lupa. Además, se suma que el plazo de ejecución previsto dejará la inauguración en manos de una gestión que aún no ha sido elegida.
Lo que es indudable es el significado de esta ampliación para la vida cotidiana de cientos de miles de personas. Más allá de la actividad política y los presupuestos, habrá personas que en el verano de 2029 o 2030 deberían poder abrir la canilla sin que salga aire. De igual modo, un barrio en Tafí Viejo debería tener agua corriente por primera vez, así como una nueva planta potabilizadora debería garantizar que el agua que llegue a los grifos sea de calidad. Eso es, en definitiva, lo que está a la expectativa en los 50 km. que separan el río Vipos del corazón del Gran San Miguel de Tucumán.
Por EDUARDO CALABRESE



