Con más de la mitad del año transcurrido, el Autódromo de la Ciudad de Buenos Aires Oscar y Juan Gálvez atraviesa la transformación más significativa de sus 74 años de historia. Lo que comenzó a principios de enero como una demolición de boxes y tribunas, hoy es un plan de obra que, según el Gobierno porteño, ya superó el 60% de avance y busca devolverle al Coliseo del Parque Almirante Brown los eventos de categoría internacional.
En diálogo con El Constructor, el secretario de Deportes, Fabián Turnes, se muestra optimista: «el balance es muy positivo. Estamos avanzando de acuerdo con lo previsto y cada etapa nos permite acercarnos al objetivo de recuperar el autódromo como un escenario de primer nivel». Y agrega: “el propósito excede lo deportivo porque buscamos que Buenos Aires vuelva a ser sede para recibir a las grandes competencias nacionales e internacionales y que, al mismo tiempo, se convierta en un espacio que genere nuevas oportunidades para el deporte en nuestro país».
El desarrollo del nuevo trazado fue encargado a Tilke Engineers & Architects, la firma alemana fundada por el ingeniero Hermann Tilke, responsable del reacondicionamiento de la gran mayoría de los circuitos que actualmente integran el calendario de Fórmula 1. De Bahréin a Abu Dabi, pasando por Austin y Shanghái, Turnes explica por qué la Ciudad lo eligió para conducir el proyecto: «la incorporación de Tilke responde a la decisión de trabajar con una empresa de reconocimiento internacional y con amplia experiencia en el diseño y la modernización de circuitos de primer nivel. Buscamos que la renovación del Gálvez tenga una mirada integral y contemple las exigencias actuales de seguridad, operación y competencia».
Tilke, que de adolescente soñó con ser piloto de carreras -«quería competir, pero en aquella época no estaba permitido con 16 años»-, contó alguna vez sobre sus comienzos. Sus deseos siguieron, pero desde el otro lado del volante: «siempre quise dedicarme a algo relacionado con mi pasión por el automovilismo», explica. Su falta de tiempo para correr, lo empujó a seguir por otro camino: «no podía dedicarme a las carreras como se requería, así que decidí montar mi propio negocio». Ese emprendimiento, hoy, emplea a más de 150 ingenieros y arquitectos, con su hijo Carsten como socio y mano derecha en el estudio. Sobre el proyecto porteño en particular, el ingeniero alemán fue elocuente respecto a la durabilidad que busca darle al trazado: «va a quedar un circuito para 50 años».
Apenas dio inicio, el plan de obras demostró cambios visibles cuando se demolieron los boxes existentes y, un mes después, las cuatro tribunas, entre ellas el histórico número 15, ocupada tradicionalmente por los fans de Chevrolet en las fechas de Turismo Carretera. Estos trabajos quedaron a cargo de Autopistas Urbanas (AUSA), con el mismo equipo de ingenieros que dirigió la construcción del Paseo del Bajo, y llegaron a movilizar hasta 150 personas por día en el predio de 189 h., el más grande de los que administra la Ciudad.
La pista es, quizás, el capítulo más visible de la intervención. Sobre la traza actual se realizó un descenso de 70 cm para preparar la base asfáltica, que se completa con tierra, un material de demolición más grueso y, por último, tres capas de asfalto: una base C-19 de 8 cm, una capa intermedia C-12 de 5 cm y una carpeta de rodamiento C-12 de 4 cm. A ello se suma una mezcla HIMA con 8% de polímero exigida por la Federación Internacional de Motociclismo (FIM), para homologar el circuito en Clase A, y por la Federación Internacional del Automóvil (FIA) para el Grado 2. Es decir, todas las categorías salvo la Máxima, en principio. Además, ya se instalaron los primeros tramos de pianos de hormigón que demarcan los límites de la pista. En ese sentido, en total, se colocarán cerca de 4.400 m., según las últimas mediciones del proyecto. Así es que, en distintos sectores del óvalo, ya puede verse el asfalto de las pruebas previas a la carpeta definitiva.
Por otra parte, el histórico problema de anegamiento del autódromo también forma parte del rediseño. El nuevo sistema de drenaje contará con tres etapas -captación superficial, drenaje intermedio y camas de desaceleración- conectadas a través de 18.000 caños distribuidos en dos cuencas. La de mayor caudal descargará en el Riachuelo y la segunda lo hará por debajo de la zona de la ex Horquilla, antes del ingreso a la recta principal. Además, en paralelo, avanzan las tareas de zanjeo y tendido de conductos pluviales, cloacales y de fibra óptica en el sector de paddock.
En el edificio de boxes, que ya gana altura con el montaje de vigas y losas prefabricadas y el armado de los núcleos de escalera, se construyen 32 garajes de 7 m. de frente cada uno, distribuidos en una estructura de 12.047 m2 cubiertos y 6.214 m2 descubiertos como mínimo. El primer piso, completamente cubierto, estará listo para recibir al MotoGP, mientras que para la eventual llegada de la Fórmula 1 deberá sumarse una segunda planta. A metros de allí, en el edificio de “Race Control” -la futura torre de control-, se trabaja en la caja del ascensor, en tareas de albañilería, revoques y colocación de aberturas, y en la instalación de conductos de aire acondicionado y canalizaciones eléctricas. “Con este ritmo de trabajo -avizora entusiasmado Turnes-, se espera que la estructura comience a elevarse en las próximas semanas”.
A la altura de la curva 1 se levanta, además, un nuevo túnel bajo pista que reemplazará al histórico pasadizo del predio -que quedará reservado para los servicios de seguridad- y permitirá vincular el acceso desde la Av. Roca con la zona de paddock de manera directa. Sus dimensiones serán de 4,6 m. de alto y 11 m. de ancho, distribuidos en dos carriles de 3,6 m. para el tránsito de camiones de los equipos y un paso peatonal de 2,6 m. para personal acreditado. En esta área, ya se completó el hormigonado de la losa de su techo, preparada para soportar tránsito pesado.
LO QUE YA CAMBIÓ EN EL PREDIO
Uno de los cambios más comentados del proyecto es la reubicación del kartódromo, que dejará su emplazamiento actual para dar lugar a una horquilla más extensa, indispensable para que el trazado cumpla con las exigencias de la FIA de cara a un eventual regreso de la Fórmula 1. El titular de Deportes explica el porqué de esa decisión: «la reubicación del kartódromo forma parte del proyecto integral de modernización del predio. El diseño del circuito para la máxima categoría requiere una horquilla más larga, que se extenderá por su actual espacio». El funcionario aclara que, de todos modos, la disciplina no desaparecerá del predio: «nuestra idea es que siga teniendo su espacio dentro del autódromo, pero en una infraestructura renovada y adecuada a los estándares actuales. En este aspecto, es una manera de preservar una actividad muy importante para el automovilismo y, al mismo tiempo, acompañar la transformación general del circuito». Mientras se construye la nueva pista de karting, con homologación internacional en otro sector del predio, se habilitará una provisoria para no interrumpir la actividad de los pilotos locales.
El resultado de todos estos cambios son dos trazados principales. El diseñado para el MotoGP tendrá una extensión de 4,3 km, con 14 curvas, rectas de entre 800 y 1.000 m. y velocidades máximas que superarán los 300 km/h. En cambio, la variante pensada para la F1 llegará a un desarrollo de entre 4,87 y 4,9 km, con 15 curvas -nueve a la derecha y seis a la izquierda-, un ancho de pista de entre 12 y 18 m. según el sector, una velocidad máxima estimada en 340 km/h, un promedio de 225 km/h y un tiempo de vuelta proyectado cercano a 1’ 18’’. En total, entre variantes para las distintas categorías, el predio quedará habilitado para una docena de trazados posibles. Por otra parte, en cuanto a la capacidad, el objetivo de las autoridades es que el autódromo pueda albergar hasta 150.000 espectadores durante un fin de semana de competencia de MotoGP, más del doble del aforo de 60.000 personas habilitado históricamente hasta que comenzó la remodelación. En esa dirección, para lograrlo, se instalarán 29 tribunas tubulares adicionales a las de hormigón existentes, y se habilitará un nuevo acceso por la Av. 27 de febrero, lindante al Riachuelo, que se sumará al ya existente por la Av. Roca, con el objetivo de agilizar el flujo de público en los días de carrera.
LOS NÚMEROS DETRÁS DE LA OBRA
La cifra que circula desde que se anunció el proyecto ronda los USD 100 millones de inversión total. Sobre el origen de esos fondos, Turnes es categórico al ser consultado: «La obra forma parte de un proceso integral de puesta en valor y modernización del autódromo. La inversión y sus distintas etapas se encuentran dentro de la planificación y los mecanismos de financiamiento establecidos por el Gobierno de la Ciudad», explica. Y remarca: «La Ciudad es quien financia la obra en su totalidad».
Ese compromiso financiero se enmarca en una estrategia más amplia de deuda porteña. El ministro de Hacienda, Gustavo Arengo, contextualizó que el distrito salió a buscar financiamiento internacional para sostener su plan de infraestructura. Ese respaldo es el marco general en el que se ubica el esfuerzo de obra pública que incluye al autódromo, aunque -insiste Turnes-, “el costo de la puesta en valor del predio corre por cuenta del Estado porteño. En paralelo, la explotación comercial de eventos como el propio MotoGP quedó a cargo del promotor local Grupo OSD, que trabaja en un esquema de gestión conjunta con Buenos Aires, sin que ello modifique el financiamiento de la obra civil en sí”.
El contrato firmado para el regreso del MotoGP al Gálvez comprende las temporadas 2027 a 2030 inclusive, con la fecha porteña integrando nuevamente el calendario del Mundial de Motociclismo después de 28 años de ausencia. Antes de esa cita, y como exige la FIM para homologar el trazado, el plan oficial prevé una carrera de prueba entre fines de noviembre y principios de diciembre de este año, que podría corresponder al Superbike argentino, con un margen adicional de tres meses para corregir eventuales fallas detectadas en ese test.
En otro orden, el tan anhelado horizonte de la F1 es más incierto, aunque no menos deseado. Para Turnes, “sería fantástico volver a tener una carrera en Buenos Aires y, por supuesto, que un piloto argentino como Franco Colapinto pueda ser protagonista. Sin embargo, hoy estamos enfocados en hacer nuestra parte, modernizar el autódromo y dejarlo preparado para recibir competencias del máximo nivel». Y remarca pensando con una mirada que excede al automovilismo: «sin dudas, un autódromo moderno puede ampliar muchísimo las posibilidades de la Ciudad. Además de las actividades deportivas, existen otros eventos que pueden encontrar aquí un escenario adecuado. Por eso estamos planificando la obra con una mirada amplia, que no se limite a una competencia puntual, sino que permita que el Gálvez tenga actividad y proyección durante todo el año». Y, a modo de cierre, agrega: “estamos recuperando un escenario emblemático, incorporando infraestructura y estándares actuales para que pase a ser una referencia internacional. Se trata de un plan de obra que trasciende una competencia, que apunta a recuperar un espacio estratégico para el deporte en una ciudad que fue elegida Capital Mundial para el próximo año».
Por EDUARDO CALABRESE



