Con una inversión de 90 millones de dólares y sobre una superficie de 13 hectáreas en la provincia de Santa Fe, avanza una de las obras agroindustriales más relevantes del país: la construcción de una planta procesadora de maní que tendrá capacidad para trabajar unas 60 mil toneladas anuales. Por su escala productiva y tecnológica, el establecimiento se posicionará entre los más importantes de América Latina.
El emprendimiento pertenece a la compañía MSU Agro, que contrató a la empresa COMA S.A. para llevar adelante la ingeniería civil del proyecto. Fundada en 1983, la constructora cuenta con trayectoria en intervenciones vinculadas a energía, minería, industria pesada, desarrollos inmobiliarios y sistemas de encofrados deslizantes, además de antecedentes en infraestructura agroindustrial de gran magnitud.
Tras la finalización de los trabajos iniciales de movimiento de suelos y accesos —ejecutados por otra firma—, COMA S.A. comenzó sus tareas en junio de 2024. Desde entonces, el despliegue de recursos humanos y equipamiento produjo un marcado impacto en la dinámica económica de la región.
La planta está emplazada sobre la Ruta Nacional Nº 33 y en cercanías del ramal troncal del Ferrocarril San Martín, una ubicación estratégica definida a partir de la expansión de la producción primaria de maní, que se inicia en Córdoba y se extiende hacia La Pampa, Buenos Aires y el sur santafesino. Aunque el predio se encuentra a unos 30 kilómetros de Rufino, la ciudad más cercana, la obra modificó de manera significativa su cotidianeidad, tanto por el movimiento laboral como por la demanda de servicios.
En diálogo con El Constructor, el jefe de operaciones de la edificación, Leandro Sosa, explicó que la empresa está “enfocada estrictamente en la ingeniería civil, es decir, en fundaciones, montaje y terminaciones”. Y remarcó la dimensión del emprendimiento: “Es una obra inmensa, de 1.289.813,55 metros cuadrados”.
Para el profesional, el proyecto representa además un hito personal: “Como trabajador de COMA, me siento muy dichoso de que nos hayan elegido para emprender la construcción de una de las plantas procesadoras de maní más importantes de América Latina, que tendrá una gran incidencia en la economía regional y nacional y generará muchos nuevos puestos de trabajo”.
Dos etapas constructivas
La obra se estructura en dos grandes etapas. La primera comprende la nave de recepción, la celda de almacenamiento y dos secadoras. La segunda incluye la nave de procesamiento propiamente dicha, además de oficinas administrativas y laboratorios de control de calidad.
Según precisó Sosa, la etapa inicial se encuentra próxima a finalizar, mientras que la segunda atraviesa su período de mayor intensidad constructiva. La culminación integral del proyecto está prevista para mediados de 2026.
Entre las estructuras más características se encuentran las denominadas celdas o silos australianos, compartimentos ampliamente utilizados en el sector primario por su eficiencia operativa. Fabricados en chapa galvanizada, ofrecen alta resistencia a la corrosión y a condiciones climáticas adversas —lluvias intensas, vientos fuertes y elevadas temperaturas—, además de garantizar durabilidad frente a las propiedades del producto almacenado. Este sistema permite reducir costos de acopio y agilizar los procesos industriales.
Un despliegue de gran escala
El staff de la constructora afectado directamente a la obra asciende a 200 personas, a las que se suman aproximadamente 100 trabajadores de empresas contratistas. La presencia permanente de este contingente generó un movimiento económico significativo en la zona.
“La obra movilizó mucho la región, especialmente Rufino, donde alquilamos viviendas y consumimos bienes y servicios locales. Sería complejo y mucho más costoso viajar diariamente a Buenos Aires”, explicó Sosa. Actualmente, el esquema de trabajo se organiza en turnos de 12 horas, de 7 a 19, aunque en etapas anteriores también se implementó el turno nocturno para acelerar los plazos.
Desde el punto de vista técnico, el sistema constructivo contempla pilotes, cabezales, estructuras metálicas y cerramientos específicos según cada sector funcional. El volumen de hormigón requerido es de tal magnitud que se instaló una planta elaboradora dentro del predio, operada en conjunto con la empresa LOMAX. El material utilizado es H30 en todos los sectores, aunque las terminaciones varían según las exigencias operativas de cada área.
Como dato distintivo, los paneles de cerramiento de la nave de procesos son importados desde Europa, lo que refuerza el estándar tecnológico del proyecto.
Además de las estructuras principales, el emprendimiento cuenta con dependencias auxiliares destinadas al almacenamiento de insumos y al desarrollo de tareas complementarias como premoldeados, ampliando la superficie operativa efectiva.
Logística y control de costos
La logística constituye uno de los pilares estratégicos del proyecto. Si bien la empresa trabaja con proveedores de Rufino y Venado Tuerto, una parte significativa de los insumos se adquiere en Buenos Aires por razones de escala, disponibilidad y costos. La compra en volumen permite optimizar precios y garantizar abastecimiento continuo.
“Tenemos como principal objetivo cumplir con los plazos establecidos y evitar incrementos de costos. Para eso necesitamos ser rigurosos y sostener una logística prolija”, sostuvo el jefe de operaciones.
La flota operativa incluye seis grúas, dos camiones volcadores, manipuladores telescópicos, retroexcavadoras, palas frontales y plataformas elevadoras tipo cigüeñal, entre otros equipos.
En materia de seguridad, COMA S.A. asegura cumplir con todos los protocolos vigentes y contar con un equipo profesional de Seguridad e Higiene. Además, la empresa contratante realiza auditorías permanentes para supervisar la ejecución de las tareas. En el predio se observan andamios correctamente montados y trabajadores equipados con cascos y chalecos de alta visibilidad.
Energía y abastecimiento
Uno de los principales desafíos técnicos fue garantizar el suministro eléctrico. La planta demandará 11 megavatios, un consumo equivalente al de toda la ciudad de Rufino. El proyecto estuvo inicialmente demorado debido a limitaciones de la Empresa Provincial de la Energía (EPE) para asegurar esa capacidad. Finalmente, se extendió la red hasta el predio, mientras que generadores a combustión abastecen los distintos frentes de obra. El suministro de agua potable, en tanto, se realiza mediante bidones distribuidos en el lugar.
Impacto productivo y trayectoria
Una vez operativa, la planta generará 150 puestos de trabajo directos y más de 300 indirectos. Dado que el mercado interno argentino es acotado, la mayor parte de la producción estará orientada a la exportación, con mayor valor agregado y maquinaria de última generación que permitirá cumplir con los estándares internacionales más exigentes.
COMA S.A. cuenta con antecedentes en obras agroindustriales de gran escala en Santa Fe. En Timbúes ejecutó torres de distribución, balanza y embarque sobre el río Paraná para la Asociación de Cooperativas Argentinas, así como una batería de 36 silos de hormigón deslizado, bielas, subestaciones transformadoras, caminos de circulación y pavimentos para Aceitera General Deheza.
Para Leandro Sosa, que anteriormente participó en proyectos como el Metrobús de la 9 de Julio en la Ciudad de Buenos Aires, desarrollos industriales en Córdoba junto a MECALUX Argentina y obras energéticas en Catamarca para AGGREKO, liderar esta construcción constituye “un privilegio” y uno de los mayores desafíos de su carrera profesional.
Por Walter Leguizamon




