La provincia del NOA atraviesa uno de los períodos más intensos de su historia minera. En el último año, fue epicentro de decisiones de políticas públicas y empresariales que redefinieron su perfil productivo para los próximos años, apoyándose en los emprendimientos de la actividad más significativos. En ese sentido, el gigante suizo Glencore prevé ampliar su exploración en el proyecto MARA (Minera Agua Rica-Alumbrera) con miras a obtener más de 200.000 toneladas anuales de cobre; la empresa surcoreana Posco consolidó su operación litífera con su plan “Hombre Muerto Norte” en el área compartida con la provincia de Salta; Zijin Mining y Río Tinto avanzaron en sus respectivos proyectos de litio; y el gobierno provincial reestructuró su ministerio de Minería, apostó fuerte a la cadena de proveedores locales y reinvirtió regalías en hospitales y rutas. El resultado: USD 351 millones en exportaciones durante 2025, que representaron cerca del 6% del total nacional del sector.
Sin embargo, el panorama no está exento de complejidades. La caída del precio internacional del denominado “oro blanco” generó una ralentización en varios proyectos en etapa de exploración. Recién a fines de 2025 y comienzos de 2026, el repunte pasó a ser sostenido. Al mismo tiempo, la escalada de los precios del cobre reposicionó a Catamarca como candidata a convertirse, en unos años, en una de las grandes productoras de ese metal. Por eso, el gobierno provincial busca que la riqueza del subsuelo se transforme en empleo genuino, en mejoras en la infraestructura y en desarrollo territorial, y no sólo que quede atrapada en la mera estadística de las regalías. En diálogo con El Constructor, la ministra de Minería de la provincia, Teresita Regalado, repasa los hitos más destacados de la actividad durante el último año.
La historia reciente del litio en Catamarca es la de una industria que madura sin detenerse, incluso cuando los precios internacionales no acompañaron. ¿Qué proyectos se encuentran hoy en actividad?
La provincia contabiliza hoy 18 proyectos en distintas etapas de desarrollo, de los cuales dos se encuentran en plena producción: el Proyecto Fénix, operado por la empresa Río Tinto en el Salar del Hombre Muerto -que lleva casi tres décadas extrayendo carbonato de litio-, con la reciente aprobación en el RIGI de la Fase 1B, y Tres Quebradas, a cargo de Zijin Mining, que desde 2024 produce cerca de 20.000 toneladas anuales de ese compuesto en Fiambalá. Otros dos proyectos se encuentran en fase de viabilidad: “Hombre Muerto Oeste” (HMW), desarrollado por Galan Lithium, que inició la producción de su Fase 1 y espera para mediados de año entregar su primer concentrado de cloruro de litio, con una meta de 21.000 toneladas anuales de carbonato equivalente en su Fase 2. Y “Sal de Vida”, que tras una pausa fue reactivado y proyecta su primera producción para el segundo semestre de este año. En etapas previas, los proyectos Kachi y Candelas avanzan en sus estudios de factibilidad.
No obstante, este último tiempo ha sido complejo para el litio, con una demora producida por cambios en la demanda global y un precio que no resultaba del todo tentador para nuevas inversiones. Pero los proyectos más avanzados continuaron su marcha, particularmente los que ya estaban en etapa de construcción. Por su parte, la provincia se preparó para acompañar la incorporación de nuevas tecnologías en la producción, como la extracción directa (DLE). Un procedimiento que permite avanzar hacia procesos más eficientes y con menor impacto hídrico.
Según datos del propio Ministerio, el área litífera emplea en forma directa e indirecta a unas 7000 personas, y si se suman los empleos inducidos -proveedores y servicios asociados- la cifra asciende a casi 10000 puestos laborales. ¿Cuánto representan estos números para el mercado laboral privado local?
Actualmente, la actividad representa cerca del 25% del empleo privado registrado en toda la provincia. Esa proporción es, históricamente, novedosa para una actividad cuya escala física es notablemente menor a la del cobre. Hoy tenemos el mismo nivel de empleo directo que en la época dorada de Bajo de la Alumbrera. Eso demuestra que el litio, bien integrado, puede tener un impacto económico importante.
Por su parte el proyecto de Posco, que opera el yacimiento Sal de Oro en la franja interprovincial con Salta, también registró avances significativos. La empresa empleó trabajadores catamarqueños durante 2025. Y el gobierno provincial mejoró la transitabilidad repavimentando la Ruta Provincial 43, lo que permitió mejorar una arteria clave para el transporte de concentrados e insumos en la Puna.
La revitalización del cobre representa una promesa del futuro inmediato. Y, en ese capítulo, el protagonista excluyente es el proyecto MARA que Glencore asumió en exclusividad en 2023 y que actualmente concentra gran parte de las expectativas mineras provinciales. ¿Qué cambios se notaron al respecto?
La iniciativa MARA integra la infraestructura en desuso de la histórica Mina Bajo de la Alumbrera, que operó durante veinte años hasta 2018, con el yacimiento de Agua Rica. Este es un gran yacimiento, ya que se estima que contiene reservas minerales de 5,4 millones de toneladas de cobre y 7,4 millones de onzas de oro, en 1100 millones de toneladas de mineral. Cuando esté en producción, podría ubicarse entre los 25 mayores productores de cobre a nivel global, con una producción media proyectada superior a 200.000 toneladas anuales durante sus primeros diez años de operación. En paralelo, se ejecutó una obra de infraestructura social relevante: la refuncionalización de la planta potabilizadora de agua en Choya, que incluye un nuevo sistema de captación en el río que lleva el mismo nombre, mejoras en las cañerías de admisión y cambio de válvulas. La obra fue adjudicada a una empresa local y cuenta con el aval del ministerio de Agua, Energía y Medio Ambiente provincial. Si las estimaciones se cumplen, en el primer semestre de 2028 Argentina volvería a producir cobre a escala relevante, y eso no es un dato menor para Catamarca.
Mientras los proyectos avanzan en el territorio, la institucionalidad minera también se transformó. En agosto pasado, el gobernador Jalil firmó el Decreto que modificó la estructura orgánica del ministerio de Minería. ¿De qué manera influyó esta reconfiguración pública?
El ministerio hoy cuenta con cinco nuevas direcciones. La más relevante es la Dirección de Policía Minera, con dependencia de la Secretaría de Desarrollo Minero, que está orientada a reforzar el control y la fiscalización de la actividad en campo. También se creó la Dirección Provincial de Coordinación Institucional y Gabinete, la Dirección de Asesoría Legal y Relatoría, la Dirección de Programas y Proyectos Ambientales, y la Dirección de Gestión de Información y Tecnología Minera. La reforma buscó agilizar la gestión, reducir plazos procesales y unificar criterios mediante la digitalización de expedientes. Con esta nueva estructura, se refleja una optimización del ministerio provincial para enfrentar los desafíos que plantea un desarrollo de proyectos cada vez más diverso y complejo. La actividad pública minera se complementa además con la participación en dos empresas como CAMYEN y YMAD, que intervienen en la cadena de valor y funcionan como instrumentos de articulación público-privada. Se apunta a consolidar una estrategia sobre tres pilares definidos: atraer inversiones de escala, afianzar un ecosistema de proveedores locales y garantizar estándares ambientales mediante auditorías periódicas, monitoreo hídrico y participación ciudadana.
Quizás el indicador más trascendente de la transformación que vivió la minería catamarqueña en los últimos años no sea el volumen de producción ni el monto de exportaciones, sino el crecimiento del Registro Provincial de Proveedores de Empresas Mineras (RePEM). ¿Es así?
En 2022, cuando se creó, el registro contaba con 31 empresas inscriptas. A fines de 2025 había llegado a 197, lo que implica un incremento superior al 500% en tres años. La distribución territorial abarca San Fernando del Valle, Andalgalá, Santa María, Belén, Antofagasta de la Sierra y Tinogasta, lo que da cuenta de una distribución que se aparta de un solo punto del mapa provincial. En ese sentido, la normativa vigente exige que al menos el 70% de los proveedores contratados por las mineras y sus contratistas sean de origen local, y que el personal técnico, administrativo y profesional tenga residencia en la provincia. La mayor parte de la inversión extranjera directa no se mide en regalías, sino en salarios y contratación de proveedores locales. Y, por esa razón, el ministerio procura que se cumpla. Recordemos que a la economía provincial ingresa entre 35 y 36 veces más en concepto de sueldos y compras locales que lo que representa el canon minero. Siempre se mira la regalía, pero el dinero real para la economía local está en los salarios y la cadena de valor.
El fenómeno de los proveedores locales tiene su propia lógica evolutiva. Las pymes catamarqueñas que comenzaron como socios minoritarios de empresas foráneas hoy lideran el 100% de sus contratos, habiendo absorbido conocimiento técnico y ganado en escala. Es una transferencia real que se valora como uno de los logros silenciosos pero más profundo del ciclo minero actual. Para gestionar ese ecosistema, el gobierno creó la Mesa del Litio y la Mesa del Cobre, instancias de articulación con empresas, universidades e institutos de educación superior orientadas con la idea de fortalecer las capacidades locales y brindar previsibilidad a los inversores. A su vez, en este último mes hemos presentado el “Plan Integral de Minería Responsable de la Provincia de Catamarca”, con ejes en una minería sostenible, acompañada de la promoción de inversiones, el cuidado del ambiente y la relación con las comunidades.
La gestión ambiental de la actividad minera es uno de los puntos más sensibles en la relación entre las empresas, el Estado y la sociedad. ¿Cómo trabaja el Ejecutivo provincial en este aspecto?
En 2025, la Dirección Provincial de Gestión Ambiental Minera (DiPGAM) recertificó por decimocuarta vez consecutiva la Norma IRAM-ISO 9001:2025, vinculada a la calidad de los procesos de gestión ambiental.
La recertificación respalda la confiabilidad del monitoreo ambiental del agua, la medición de parámetros in situ con control de calidad de datos y la elaboración de informes evaluatorios. En esa dirección, la experiencia de proyectos como MARA en Andalgalá -una localidad con historia en movilizaciones ambientales- muestra que la negociación con las comunidades sigue siendo uno de los desafíos del sector. Las empresas enfatizan su compromiso con el empleo local y la infraestructura comunitaria, precisamente porque no desconocen que la ecuación técnica y financiera de un proyecto no alcanza sin el respaldo social del territorio. Y, para eso, el estado cumple un rol esencial.
Más allá del litio y el cobre, Catamarca también registró movimientos en el segmento de metales preciosos. ¿Cuáles podrían destacarse?
El proyecto Diablillos-Plata, ubicado en Antofagasta de la Sierra, avanzó en la evaluación de su informe de impacto ambiental para la etapa de explotación durante el año que pasó. Actualmente, en consenso con la provincia de Salta, avanzamos en un Acuerdo de Facilitación y Fomento para consolidar la cooperación en todos sus aspectos y abordar intereses comunes en esa zona. Se trata de un yacimiento epitermal que despertó el interés de capitales exploratorios y que, si los estudios avanzan favorablemente, podría constituirse en un nuevo polo productivo en la Puna catamarqueña. Además, en el Grupo de Minas Atajo en Andalgalá, las tareas de exploración continuaron con el objetivo de caracterizar con mayor precisión los contenidos de cobre, oro y plata del área. A su vez, el distrito minero de San Buenaventura, en la cordillera del límite sur de la Puna, mantuvo campañas estacionales de exploración debido a sus alturas que exigen trabajar con restricciones climáticas. Allí se está haciendo foco en los contenidos auríferos y argénteos. También en la misma zona, Minas Capillitas continuó siendo la única explotación de rodocrosita, la conocida como «Rosa del Inca», una piedra semipreciosa compuesta por carbonato de manganeso cuya textura bandeada le está abriendo la posibilidad de un mercado especial a escala global.
Al finalizar 2025, los números resumen el estado general del sector. Catamarca aportó el 6% en exportaciones mineras sobre un total de USD 6037 millones a nivel nacional. Y en los primeros meses de 2026 ya acumula un nivel superior en comparación al mismo período anterior. El dato fue posible gracias al inicio de producción de cuatro proyectos de litio entre 2024 y 2025, que elevaron a siete el número de minas de litio en producción en Argentina. Junto a Santa Cruz, San Juan, Jujuy y Salta, Catamarca integra el grupo de cinco provincias que abarcan el 98,7% de las exportaciones mineras de nuestro país en lo que va de 2026. En los departamentos donde opera la minería, la actividad representa el 82% de las ventas al exterior.
Desde la gobernación, se ha hecho hincapié en la actividad como eje de estrategia de desarrollo que trasciende el corto plazo. Sin embargo, se reconoce que sin crédito y sin reconversión productiva, la estabilización macroeconómica no llega a las provincias. Lo que se plantean, como una segunda etapa del programa económico, es que se incluya financiamiento para las cadenas de valor regionales que la minería activa.
Para el cierre de este año, las previsiones son alentadoras: las exportaciones de carbonato de litio casi triplicarán las de 2024, gracias a la suma del incremento de Tres Quebradas, la expansión del Proyecto Fénix y los nuevos proyectos que alcancen su activación productiva. De esta manera, todo indicaría que las inversiones anunciadas consolidarán un esquema de exportación basado en recursos naturales convencionales y críticos para el cambio de matriz energética global. En esa dirección, en un contexto internacional atravesado por la expansión de renovables, el carbonato de litio producido en nuestro país adquiere un valor geopolítico creciente. Sin embargo, su protagonismo plantea interrogantes que exceden lo económico y radica en la sostenibilidad ambiental de su modelo de producción. Al mismo tiempo, la promesa de desarrollo local sigue siendo un punto de debate. Si bien la actividad minera en general ha dinamizado la economía regional, persiste la discusión sobre el grado de integración de proveedores locales y la distribución en cuanto a la rentabilidad final. A partir de allí, la oportunidad de avanzar hacia esquemas de mayor valor agregado, como un proceso basado en la industrialización del litio en origen, aparece como una deuda pendiente. Cada uno de los proyectos sintetiza estas tensiones propias de un modelo basado en recursos estratégicos, en donde en paralelo se observa un crecimiento económico sostenido por su desarrollo tecnológico y la necesidad de sustentabilidad y equidad territorial. El desafío será transformar este impulso en una política de largo plazo que combine competitividad con responsabilidad, evitándose que se repitan los ciclos extractivos del pasado y se conviertan, finalmente, en un motor de crecimiento.
En la Puna, a casi 4.000 metros de altura, las máquinas siguen girando, los sondeos perforan el suelo de salares milenarios y las columnas de camiones recorren rutas que la provincia pavimenta, en parte, con las divisas que esa misma actividad genera. En los últimos tiempos, Catamarca no ha descubierto sus minerales. Lo que hizo fue decidir, con más certezas, qué desea hacer con ellos.
Por Eduardo Calabrese



