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El valor estratégico de la minería no metalífera

ElConstructor Por ElConstructor
mayo 19, 2026
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El valor estratégico de la minería no metalífera
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La minería no metalífera y de rocas de aplicación presenta un panorama de desarrollo heterogéneo y complejo. Si bien su base está ligada mayormente a la industria de la construcción, que atraviesa una etapa de retracción durante los últimos años, se vislumbran oportunidades en la explotación de insumos ligados a la producción de los hidrocarburos, del cobre y del litio. 

No obstante, más allá del nicho particular, productores, inversores y gobiernos coinciden en un reclamo: se necesita invertir en obras de infraestructura viales, redes ferroviarias y en generación energética para poder crecer. Sin ello, peligran las inversiones en nuevos proyectos, dado que se está ante un cuello de botella logístico que pone en riesgo la provisión, operatividad y eficiencia del sector.

Respecto a la oferta de los no metalíferos y rocas de aplicación, provincias como Buenos Aires, Río Negro, Misiones, Entre Ríos, La Pampa, Córdoba, Salta, Neuquén y San Juan contribuyen a la explotación de estos recursos. A fines de 2025 y principios del ‘26, tras un período de fuerte merma de la actividad asociado a la caída de la obra pública y la desaceleración de la inversión privada en la construcción, este sector comenzó a mostrar algunas señales –incipientes– de recuperación.

Según el Índice de Producción Industrial Minero elaborado por el INDEC en febrero de 2026, la extracción de minerales no metalíferos y rocas de aplicación acumulada en los dos primeros meses del año presentó un aumento interanual del 16,7%. Esta recuperación estuvo liderada principalmente por la extracción de sal y de minerales para la fabricación de productos químicos (incluyendo el litio), además de las arenas, canto rodado y de los triturados pétreos que también mostró una variación positiva. Sin embargo, en el primer bimestre del año la extracción de rocas ornamentales y de piedra caliza y yeso sufrieron una baja del 5,8% y 5,1%, respectivamente. 

En tanto, para el acumulado entre enero y diciembre de 2025, el índice de extracción de arenas, canto rodado y triturados pétreos evidenció un aumento de 10,3% respecto a igual acumulado de 2024. Esto significó una recuperación respecto a la volatilidad del sector del año anterior. 

Una actividad que sobresale, según este reporte estadístico, corresponde a la extracción de minerales para la fabricación de productos químicos, entre los que se encuentra el carbonato de litio y otros minerales de litio, que también registró aumentos interanuales relevantes. 

“El escenario actual plantea una dualidad particular. Por un lado, la construcción atraviesa un ciclo contractivo que impacta directamente en la demanda de materiales tradicionales y que se encuentra sensiblemente por debajo de su potencial y de los niveles de actividad que mostró en otros períodos. En este sentido, resulta clave que exista una recuperación de la obra pública y privada en el corto plazo, dado su rol central como motor de la actividad y de la demanda de insumos básicos para la industria. Por otro lado, la minería metalífera —en particular los sectores de cobre y litio— presenta perspectivas de crecimiento de mediano y largo plazo, con proyectos que avanzan en distintas etapas de desarrollo”, evalúa Pedro Brandi, director regional de Calidra Cono Sur, grupo con más de 100 años de experiencia en la industria de la cal, que ofrece productos y servicios especializados a diversas industrias, incluidas la minería y la construcción.

Esta empresa, que cuenta con plantas en San Juan y Neuquén, viene realizando inversiones en calcinación en edificios de manejo de material y, a mediano plazo, su expectativa es que “la consolidación de proyectos mineros, junto con una reactivación gradual del sector constructivo, permita configurar un contexto más favorable para la actividad y las inversiones a partir de 2027”, como la construcción de su segundo horno Maerz de 600 tpd.

Estado de situación

La contracción de la actividad de la construcción que se evidencia desde 2024 generó un impacto inmediato en toda la cadena de valor. La reducción de la obra pública —tanto a nivel nacional como provincial— y la debilidad de la inversión privada que vio mermada su rentabilidad, derivaron en una abrupta caída en la demanda de insumos básicos como áridos, arena, piedra triturada, caliza y yeso.

En este contexto, distintos segmentos del sector registraron desplomes significativos. El caso de la piedra es paradigmático, con caídas de la actividad que alcanzan en la actualidad hasta el 80% en la provincia de Buenos Aires y el 50% en Córdoba, según refiere Hernán Soneyro, vicepresidente de la Cámara de Empresarios Mineros de Córdoba (CEMINCOR), presidente del Clúster de la Construcción de esa provincia y vicepresidente cuarto de la Cámara de Empresarios Mineros (CAEM). Este derrumbe refleja no sólo la paralización de grandes obras, sino también la falta de proyectos de mediana escala que sostengan la actividad.

El panorama se agravó por la estructura del sector, conformada mayoritariamente por pequeñas y medianas empresas con limitada capacidad financiera para afrontar períodos prolongados de baja demanda. Las canteras operan muy por debajo de su capacidad (en algunos casos se trabaja apenas al 20% o 30%) mientras otras debieron reducir personal, aplicar suspensiones y frenar inversiones.

“En Buenos Aires el problema actual es que tenemos una gran cantidad de canteras para una demanda muy reducida, lo que motiva que todas estén en situación precaria. Al estar frenada la inversión pública, las obras en general son privadas, con muy bajo consumo. La situación del país no ayuda”, considera Gustavo Núñez, presidente de la Cámara de la Piedra bonaerense y miembro de la CAEM.

Respecto al empleo, el empresario confirmó que “se redujo para poder sobrellevar la situación. Se trató de hacer arreglos con el personal y el gremio para trabajar con suspensiones rotativas ya que la fuerza laboral especializada, como es la de las canteras, sería difícil de reemplazar en el futuro”. 

A esto se suman dificultades en la cadena de pagos y la falta de cumplimiento por parte del Estado en las pocas obras en ejecución, lo que tensiona aún más la liquidez de las empresas: “Todavía los pagos no se cortaron pero se nota el estiramiento de los plazos. En muchos casos se toman los pagos a 30, 60 y 90 días. Lo normal en este rubro son facturaciones quincenales y pago a los 30 días, ya que la mayoría de los insumos son de pago corto, como la mano de obra, prácticamente contado; y en los explosivos, energía y rubros importados que hay que abonarlos en muy corto plazo, ante la incertidumbre, en algunos casos ya se están pidiendo pagos anticipados. En estos momentos, ni la Provincia ni la Nación están pagando las obras en ejecución”, advierte Núñez. 

Ante ello, la Cámara realizó presentaciones a funcionarios públicos para solicitar que faciliten préstamos y plazos de pago más largos para las deudas contraídas durante los últimos años. “Son para mantenerse operativos y no tener que entrar en convocatoria o directamente cerrar”, admite.

Apuesta a la reactivación

De cara al futuro, la elevada capacidad ociosa actual de este sector permite prever que la extracción y producción de insumos estará asegurada ante perspectivas de crecimiento asociadas a nuevos proyectos mineros y de la construcción. Las inversiones realizadas en años anteriores, tanto en plantas como en equipamiento, permiten hoy contar con instalaciones productivas capaces de responder rápidamente ante un posible repunte de la demanda.

“En la minería no metalífera y de rocas de aplicación hay una capacidad ociosa impresionante. En algún momento la industria de la cal y del cemento tuvieron la flexibilidad de abrir operaciones que estaban cerradas por una cuestión de demanda, en 2022 hubo un momento muy fuerte y la oferta se adaptó a las condiciones. Por ello, hoy la industria de la tercera categoría está en condiciones de abastecer los proyectos que vienen”, asegura Roberto Cacciola, presidente de la CAEM.

Con respecto a la situación de la industria del cemento, Damián Altgelt, director ejecutivo de la Asociación de Fabricantes de Cemento Portland (AFCP), describe: “Está complicada porque ya llevamos tres años con niveles bajos. La industria tuvo un 2024 muy complejo, con una caída del 24-25%. Si bien el año pasado repuntó un poco –5%– estuvo por debajo de lo que muchos esperaban. Y en 2026 la situación no mejoró: el primer trimestre está en el mismo nivel que el año anterior. Estamos despachando cerca de 10 millones de toneladas anuales de cemento, un escalón importante por debajo del nivel que tuvimos hasta 2023, cuando registramos casi 13 millones de toneladas al año”. 

Y agrega: “Estamos con una capacidad instalada muy superior a la demanda actual. Las empresas han hecho inversiones muy importantes de ampliación de capacidad, por lo tanto pueden acompañar y satisfacer toda la demanda que pueda llegar a venir. Pero, obviamente, por ahora estamos lejísimos de estar cerca de ese pico de demanda. Ojalá vuelva, pero seguramente pasará un tiempo”.

En el último año, también la industria del hormigón elaborado, otro de los productos de la cadena, atraviesa una “marcada contracción, que impactó en menores niveles de despacho, capacidad ociosa y presión sobre los costos”, reconoce Pablo Siciliano, presidente de la Cámara Argentina del Hormigón Elaborado (CADHE). Aun así, el sector “mantuvo su capacidad operativa, con foco en eficiencia y sostenimiento del empleo”.

Nichos dinámicos

El desempeño del sector no es uniforme. Mientras los materiales más directamente vinculados a la construcción tradicional continúan afectados, otros segmentos muestran mayor dinamismo, impulsados por actividades alternativas.

Entre ellos se destacan:

  • La cal, cuya demanda crece de la mano de la minería metalífera, especialmente en proyectos de cobre y litio, donde cumple un rol clave en procesos industriales y ambientales. 

Sin embargo, Soneyro advierte que si bien “la cal está brillando, no se le presta suficiente atención y este será un mineral crítico en el futuro”. Este insumo se utiliza para la purificación del litio y la neutralización del PH para garantizar la seguridad de los procesos y el cuidado del medioambiente. También, en el caso del cobre, se usa para la flotación de los minerales y en protocolos ambientales. 

“La agenda de la electromovilidad está centrada en cobre y litio, pero no hay que perder la mirada en los minerales críticos. Ante la demanda futura en nuestro país de estos minerales, la cal tomará un rol más protagónico”, afirma el vicepresidente de CEMINCOR. 

  • Los minerales para el agro como la cal agrícola, el yeso u otros minerales con micronutrientes (dolomitas, vermiculita, roca fosfórica y arcillas), que son fundamentales para garantizar que los suelos continúen siendo productivos. 
  • Las arenas silíceas, vinculadas al desarrollo de hidrocarburos no convencionales, particularmente en Vaca Muerta.
  • Minerales para uso químico, que mostraron crecimiento en los últimos períodos. 

Esta diversificación permite amortiguar parcialmente el impacto de la caída de la construcción, aunque no logra compensar completamente su peso dentro de la demanda total. La relación entre la minería no metalífera y la construcción es estructural. El sector provee insumos esenciales para prácticamente todas las etapas de los procesos constructivos e impacta en las cadenas de valor de varias industrias, como la cerámica, la del vidrio, pinturas y abrasivos.

Áridos, arenas, piedras, cal y cemento son componentes básicos de múltiples soluciones constructivas. Por ello, la evolución del sector está directamente ligada al nivel de actividad en infraestructura, real estate y desarrollo urbano.

Desafíos pendientes

Uno de los principales obstáculos que enfrenta el sector minero (tanto metalífero como no metalífero) corresponde al déficit en infraestructura logística. La falta de inversión en rutas, ferrocarriles, sistemas de transporte eficientes y en generación y tendido energético eleva considerablemente los costos y limita la competitividad.

En muchos casos, el costo de transportar materiales supera ampliamente su valor en origen. Este fenómeno resulta particularmente crítico para productos de bajo valor unitario y alto volumen, como los áridos, cuya rentabilidad depende de distancias cortas y logística eficiente.

El deterioro de la red vial, especialmente en el interior del país, agrava esta situación. La falta de mantenimiento, la escasa cobertura y la limitada conectividad generan cuellos de botella que afectan tanto la producción como el abastecimiento de obras.

Además, se considera que los esquemas de Participación Público-Privada (PPP) resultan insuficientes para cubrir las necesidades del conjunto del territorio ya que este modelo se implementaría solo en aquellos corredores que concentren un alto nivel de tránsito, y continuarán desatendidos los caminos primarios de amplias regiones productivas.

“No hay voluntad de obra pública por parte del Gobierno nacional y las rutas están deterioradas. Entonces, en algún momento, hay que empezar a pensar no solo en las obras que se tienen que hacer –que son un montón– sino también en mantenerlas. En el interior del país las vías de comunicación están deshechas y es una vergüenza que hoy tengamos un costo logístico interno de la Cordillera al Puerto que es dos o tres veces más alto que el de mandar mercadería del puerto a China. El modelo de PPP funciona en un porcentaje cuando el tráfico está asegurado pero en las rutas del interior en las que se concentra la producción no son atractivas para un privado y ahí tiene que estar el Estado acompañando”, reclama Soneyro. 

Brandi coincide: “El desarrollo de infraestructura es uno de los factores más críticos para viabilizar el crecimiento de la minería y mejorar la competitividad general del país. Funciona como un impulsor clave para la actividad. La disponibilidad de rutas, ferrocarriles, energía y soluciones logísticas adecuadas facilita la ejecución de proyectos, reduce costos y mejora la eficiencia de toda la cadena”.

Más allá de la infraestructura, el desarrollo del sector depende de un conjunto de condiciones macro y microeconómicas. Entre ellas se destacan:

  • Estabilidad económica y previsibilidad.
  • Acceso al financiamiento para capital de trabajo e inversiones.
  • Marcos regulatorios claros y consistentes.
  • Seguridad jurídica.
  • Coordinación entre políticas públicas y necesidades productivas.

La falta de estas limita la capacidad del sector para sostenerse en períodos de baja actividad y para aprovechar oportunidades de crecimiento.

Nueva ola de inversiones

En este escenario, los regímenes de incentivo a la inversión, como el RIGI, son herramientas clave para impulsar la actividad en el mediano y largo plazo. Estos instrumentos apuntan a promover grandes proyectos en minería y energía, los que a su vez demandarán más obras de infraestructura. 

Según detallan desde la CAEM, en la actualidad existen 13 proyectos mineros presentados en el marco del RIGI, que representan u$s 42.000 millones de inversión; siete de ellos (por u$s 7.948 millones) ya fueron aprobados.

El desarrollo de proyectos de cobre y litio se perfila como uno de los principales motores de demanda futura. Su potencial genera expectativas y abre nuevas oportunidades para el sector ya que estas iniciativas requerirán grandes volúmenes de materiales, generando un efecto multiplicador que alcanzaría tanto a la minería no metalífera como a la construcción. 

El Ing. Fernando Ciacera, director nacional de Promoción y Economía Minera de la Secretaría de Minería de la Nación, ejemplifica: “En el caso de la extracción de hidrocarburos, como la arena silícea es indispensable para llevar a cabo la extracción por fractura hidráulica o fracking y con el fin de sustituir las importaciones, en los últimos años comenzó a ser extraída de canteras ubicadas en las provincias de Entre Ríos, Chubut, Río Negro y Neuquén. En esta línea, se encuentra en evaluación un proyecto RIGI de un consorcio de empresas dedicadas a la producción y transporte de este tipo de arenas. Este busca consolidarse como un productor sobresaliente para las empresas productoras de petróleo y gas no convencional en el yacimiento Vaca Muerta, provincia de Neuquén”. 

Asimismo, la producción de litio a partir de salmueras y la construcción de los proyectos generan oportunidades adicionales para el abastecimiento de insumos

Sin embargo, también allí existe un riesgo latente: la falta de acompañamiento en infraestructura podría limitar el impacto positivo de estas inversiones. Sin energía, rutas, ferrocarriles y sistemas logísticos adecuados, la capacidad de respuesta de ese sector se verá comprometida.

“El RIGI tiene potencial para generar un impacto positivo en el sector, las inversiones que ingresen dentro de este marco van a demandar nueva y mejor infraestructura de acceso a los proyectos, lo que viene de la mano de una mayor demanda de minerales rocosos como áridos, arena, calizas y yeso, entre otros esenciales para la construcción. Además, la actividad se verá impulsada cuando los proyectos inicien la construcción de las instalaciones necesarias para sus operaciones, instancia que tendrá un impacto sobresaliente en el empleo”, señala el Ing. Ciacera. 

En este sentido, se espera que los proyectos que demanden mayores obras de infraestructura serán los vinculados a la producción de cobre y litio a gran escala en Argentina, ubicados en las provincias que integran las regiones de Cuyo y NOA (Noroeste). También, la región patagónica por la actividad hidrocarburífera y el centro del país por su rol como nodo industrial y de consumo.

Al respecto, el funcionario destaca que, en el caso de los proyectos de cobre, el impacto potencial “es especialmente significativo; se trata de emprendimientos de gran escala que requieren el desarrollo intensivo de caminos de acceso, rutas, líneas ferroviarias e infraestructura energética (principalmente líneas de alta tensión). Este tipo de obras demanda volúmenes muy elevados de insumos característicos de la minería no metalífera, lo que genera un efecto multiplicador directo sobre la producción, el despacho y el empleo en toda la cadena de valor. Dado el tamaño y la duración de estos proyectos, el impulso no sería solo coyuntural, sino sostenido en el tiempo debido al mantenimiento necesario para su utilización eficiente”. 

Además, proyectos de otros minerales metalíferos y de litio también demandarán infraestructura para contener las plantas y los yacimientos productivos que se encuentran vigentes, así como los que entrarán en producción en la próxima década. 

En febrero de 2025, la Secretaría de Minería presentó un estudio en el que identificó los principales requerimientos de infraestructura para el desarrollo minero pero hasta el momento no hubo avances concretos para su ejecución. Soneyro reclama: “En redes ferroviarias no se avanzó nada, todavía estamos discutiendo licitaciones de la privatización del Belgrano Cargas. Aún no salieron los pliegos. Desde el Estado se acompaña al sector con las leyes necesarias pero no con infraestructura. Cuando esta industria realmente funcione y todos estos proyectos se vuelquen a producción, la cantidad de camiones, de minerales, de insumos y proveedores que vamos a necesitar circulando por rutas o vías de tren hará que la capacidad no dé abasto, quedará obsoleta”.

PERSPECTIVAS

Las proyecciones para 2026 indican un crecimiento moderado del sector, impulsado por:

  • Una reactivación gradual de la construcción.
  • La mejora de variables macroeconómicas que favorecen la planificación y ejecución de proyectos.
  • El avance de proyectos mineros metalíferos.
  • La demanda de sectores vinculados, como energía y agro.

“De cara al segundo semestre de 2026, esperamos un escenario de recuperación gradual para el sector vinculado a la construcción y las industrias, acompañado por un mayor dinamismo en la demanda. El desempeño estará fuertemente condicionado por la evolución del contexto macroeconómico, la reactivación de cada sector y la posible competencia de productos importados. En este marco, contar con un entorno de mayor estabilidad, previsibilidad y reglas claras resulta fundamental para fortalecer la competitividad de la industria y potenciar el perfil exportador de empresas y servicios. La reactivación del sector constructivo en su conjunto será, sin duda, el principal motor que marque el ritmo y la sostenibilidad de la demanda”, visualiza Brandi.

No obstante, este crecimiento estará condicionado por la evolución de la obra pública, la disponibilidad de financiamiento y la implementación efectiva de políticas de incentivo.

“Las perspectivas para el sector en el mediano plazo son moderadamente optimistas, muestran un escenario de recuperación. Un factor clave es el impulso que podría generar el inicio de nuevos esquemas de concesión en infraestructura vial, ferroviaria y portuaria promovidos por el Estado nacional. Estos proyectos, al demandar grandes volúmenes de materiales básicos de construcción, actuarían como un motor relevante para la recuperación sostenida de la producción minera no metalífera. En este contexto, las políticas públicas previstas tienden a facilitar la participación privada en obras de infraestructura mediante mecanismos de concesión y esquemas de financiamiento alternativos, buscando compensar la menor incidencia de la obra pública tradicional”, señala Ciacera.

“En términos generales, no esperamos cambios disruptivos en el corto plazo, pero sí un crecimiento gradual en aquellos sectores que ya utilizan a la cal como insumo, en la medida en que estas actividades recuperen niveles más acordes a su potencial. 

La evolución de la construcción y de la actividad industrial seguirá siendo un factor central para el desempeño del sector calero. Dentro de este contexto, el caso más interesante es el del cobre. Si bien hoy su impacto en la demanda local de cal es aún limitado, se trata de una industria con un potencial significativo a futuro”, proyecta Brandi.

Altgelt agrega: “Tanto el RIGI como el RIMI pueden contribuir de manera importante a la reactivación en general de distintas industrias. Sin embargo, algunas de las inversiones que pueden traccionar el crecimiento de nuestro sector (como la minería) llevan su tiempo, no son inmediatas. Tampoco visualizamos que vaya a haber un crecimiento importante de la obra pública en el corto plazo”.

Siciliano da su punto de vista: “Para 2026 vemos un escenario condicionado por la macroeconomía y la recuperación de la inversión. Sin inversión sostenida en infraestructura, ya sea pública o privada, no hay desarrollo posible. El crecimiento potencial es enorme, la cadena de valor está preparada para hacer frente a ese desafío, pero para que eso suceda, se necesitan políticas claras durante períodos prolongados. Valoramos la necesidad de ordenar variables macro pero es fundamental complementar con políticas activas para infraestructura”.

Soneyro agrega: “Todo lo que se viene haciendo con el RIGI y la Ley de Glaciares a nivel minería, lleva a que empiecen a haber inversiones. Hay un potencial enorme, pero también tiene que estar consolidado con cuatro años más de un gobierno (cualquiera sea) que no eche para atrás lo que se viene haciendo actualmente. Hay que corregir lo malo pero mantener lo bueno”.

Uno de los aspectos clave para potenciar el desarrollo del sector es la integración entre sus distintos actores. La coordinación entre productores de insumos, empresas constructoras, cámaras sectoriales y organismos públicos resulta fundamental para mejorar la eficiencia y competitividad.

Siciliano coincide: “El desafío es trabajar de manera coordinada en toda la cadena de valor. Con reglas claras, inversión y compromiso conjunto, la industria del hormigón puede ser un motor clave del desarrollo. Miramos el futuro con optimismo y vocación de colaboración para construir una Argentina más competitiva y sostenible”.

En tanto, desde Córdoba, Soneyro cuenta que “hay conversaciones con todos los gobiernos. Algunos están más interesados y acompañan, como los de San Juan, Mendoza y Catamarca. El tema es que Nación no gira dinero a las provincias, o sea, hay ajuste y se confunde el gasto público con inversión. Entonces, hoy las provincias tampoco están haciendo grandes obras, excepto Córdoba y Santa Fe; y las pocas que se ejecutaban mermaron el ritmo”.

Potencial y desafíos

La minería no metalífera y de rocas de aplicación ocupa un lugar estratégico en la economía argentina. Su rol como proveedor esencial de la construcción y de múltiples industrias la convierte en un sector clave para cualquier proceso de desarrollo.

El escenario actual, marcado por la contracción de la demanda y las dificultades estructurales, contrasta con un potencial significativo basado en recursos abundantes, capacidad instalada y oportunidades de inversión. La clave para transformarlo en crecimiento sostenido radica en abordar los desafíos pendientes: mejorar la infraestructura, reducir los costos logísticos, garantizar condiciones macroeconómicas estables y fortalecer la articulación entre el sector público y privado.

En definitiva, el futuro de la minería no metalífera en su conjunto estará íntimamente ligado al de la construcción y al de la minería metalífera. La reactivación de una impulsará a la otra, en un proceso que –de consolidarse– puede convertirse en uno de los pilares del desarrollo económico y territorial del país. “Necesitamos que todos los sectores se pongan a producir y que generemos condiciones reales para que las inversiones se concreten y podamos salir adelante”, concluye Soneyro. 

Por María Eugenia Usatinsky 

Tags: minería no metalífera

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