tras la aprobación de un crédito del BID por USD 150 millones. La inversión, ejecutada a través de AYSAM, beneficiará a más de un millón de personas mediante la modernización tecnológica del servicio, la instalación de micromedidores y la ejecución de obras clave en plantas depuradoras y colectores cloacales en toda la provincia.
El Banco Interamericano de Desarrollo aprobó un préstamo de USD 150 millones que pasará a ser histórico para la provincia. Con él, a través de AYSAM -la empresa estatal proveedora del servicio-, ejecutará un ambicioso plan de modernización del sistema de agua potable y saneamiento cloacal que abarcará desde el Gran Mendoza hasta localidades del interior, con obras que van desde la rehabilitación de plantas depuradoras hasta la digitalización integral de la propia compañía. El anuncio, concretado a fines de junio, fue recibido con alivio por funcionarios, técnicos y usuarios de un sistema que acumulaba años de desactualización, incluso en el último tiempo comenzó a mostrar señales de colapso en varios puntos del territorio provincial.
En diálogo con El Constructor, el titular de AYSAM, Humberto Mingorance, afirma: “con este financiamiento, vamos a dar un salto cualitativo y cuantitativo en cuanto a la incorporación de nuevas tecnologías en el servicio. Hasta hoy, no había mediciones precisas en tiempo real sobre la producción, distribución y consumo del agua potable en la provincia”.
El programa beneficiará de manera directa e indirecta a más de un millón y medio de mendocinos, casi el 80% de la población, mejorando la seguridad hídrica, y ampliando la infraestructura sanitaria. “Al mismo tiempo, la inversión fortalecerá la producción agropecuaria por medio del aprovechamiento eficiente del recurso. Se trata, sin exageración, de la mayor apuesta financiera en materia de agua y saneamiento. Y representa también una señal clara de la madurez institucional que ha alcanzado la empresa al acceder a un crédito internacional en condiciones favorables”, agrega Mingorance.
Este desembolso inicial forma parte de una línea de crédito condicional mayor del BID (CCLIP) para el país por USD 1000 millones. En otras palabras, el crédito no es un hecho aislado sino un eslabón dentro de una cadena de financiamiento que podría seguir beneficiando a la provincia. El monto se suma a los USD 75 millones ya obtenidos de la Corporación Andina de Fomento para las distintas obras que los operadores municipales de Luján, Maipú y San Carlos están ejecutando con fondos del resarcimiento.
LA ARQUITECTURA DEL PLAN
El crédito del BID tiene una lógica programática que va más allá de la mera construcción de obras. Según el detalle presupuestario oficial, su monto total se estructurará sobre dos grandes ejes. El primero de ellos, denominado «Mejora en la gestión de los servicios y fortalecimiento Institucional», contemplará 9 líneas de acción orientadas a modernizar la forma en que AYSAM opera, mide y gestiona el recurso hídrico.
Por su parte el segundo, «Obras de Infraestructura», será el más voluminoso en términos de inversión (USD 112,5 millones) y comprenderá 5 proyectos de gran escala en el sistema cloacal. En el primero, la acción inicial estará orientada a la micromedición y renovación de conexiones domiciliarias, con una duración prevista de 20 meses en su ejecución completa. “El proyecto tiene como propósito acondicionar conexiones particulares para mejorar la prestación del servicio, instalar micromedidores y renovar conexiones deterioradas estructuralmente. Con este trabajo, unos 74.000 usuarios verán mejoradas sus condiciones de abastecimiento. En este aspecto, la ausencia de medición individual ha sido históricamente uno de los grandes problemas del sistema: sin saber cuánto consume cada usuario es difícil gestionar con eficiencia un recurso escaso como el agua en una provincia con alto porcentaje de aridez”, detalla el presidente de la compañía.
En un segundo tramo, se desarrollará la automatización de perforaciones en el área metropolitana que mejorará el funcionamiento de pozos de extracción de agua subterránea, incorporando medición remota de caudales, consumos eléctricos y porcentaje de cloro en línea. El siguiente paso por orden de relevancia consistirá en la mejora en la gestión de reclamos, la actualización de la plataforma tecnológica de la empresa -con la creación de un centro inteligente de datos en tiempo real-, acciones de concientización en la población sobre el uso responsable del agua, procesos de potabilización subterránea, métodos de búsqueda activa de fugas no visibles y renovación de cañerías con métodos no destructivos. Para Mingorance, “esta iniciativa posicionará a AYSAM a la vanguardia de las empresas de servicios públicos de la región, permitiendo anticipar fallas, optimizar el trabajo en la asistencia técnica y mejorar la eficiencia energética del sistema”.
La segunda etapa es la más esperada por los mendocinos, ya que apuntará a resolver problemas pendientes desde hace décadas en el tratamiento de efluentes. Entre las obras, se rehabilitará el sistema de residuales cloacales de la planta depuradora Campo Espejo, con el fin de restituir los parámetros originales de diseño y garantizar un funcionamiento sostenible a largo plazo. “Campo Espejo es el principal establecimiento de su tipo en el Gran Mendoza, y su deterioro es uno de los factores que más han contribuido a una saturación parcial del sistema cloacal metropolitano durante los últimos años”, detalla el funcionario.
Por otra parte, se proyectará la extracción de lodo de la planta «El Paramillo” de Lavalle. El objetivo es recuperar su capacidad operativa original, a partir de la extracción de fango acumulado en sus lagunas. Sus beneficiarios directos ascienden a 526.000, lo que convierte a esta intervención en una de las de mayor alcance del programa. Luego, le seguirá la construcción de un colector cloacal en Colonia Segovia (etapa II-sistema «El Paramillo»), con lo que se buscará solucionar en forma definitiva la falta de capacidad de la colectora noroeste en diferentes tramos de la traza. A su vez, se realizarán las construcciones de una cámara de retención de sólidos, otra de rejas y retención de sólidos gruesos, una partidora, una derivadora y una estación elevadora.
En otro orden, se desarrollarán las obras de infraestructuras necesarias en el tratamiento de efluentes de Villa Tulumaya (también en Lavalle). Con este proceso se busca dar una solución definitiva a los usuarios residentes en los barrios de la zona. Sobre esta etapa, Mingorance agrega: “el crecimiento vegetativo de la población y los mayores caudales de efluentes hacen necesarios estos trabajos que apuntarán al reúso del efluente depurado, respondiendo así a criterios de economía circular y sustentabilidad ambiental”.
Finalmente, se llevará a cabo la ampliación de la planta depuradora de Uspallata, la reconfiguración del sistema de lagunas existente, la construcción de un humedal artificial, distintas obras de derivación de excedentes de riego, protección de aluvional, desmalezado y mantenimiento de terraplenes.
IMPACTO SOBRE AGRICULTURA
El plan representará también un apoyo al sector agropecuario mediante el fomento del agua de reúso, una medida diseñada para abastecer a cerca de 8.000 hectáreas productivas. De esta manera, se continuará promoviendo la sustentabilidad del riego local. Este aspecto es especialmente relevante en una provincia cuya economía depende en gran medida de la vitivinicultura y la fruticultura, sectores que compiten con el consumo urbano por un recurso cada vez más escaso en un contexto de cambio climático. Sobre este aspecto, el presidente de AYSAM afirma: “Mendoza ha sido pionera en ese sentido, a partir de la creación de un dispositivo de plantas depuradoras y zonas agrícolas delimitadas denominadas Áreas de Cultivos Restringidos Especiales (ACREs). Allí, las plantaciones se distinguen por una disponibilidad y volumen relativamente estable de agua a lo largo del año, cuyos nutrientes y materia orgánica aportan a la productividad una disminución en los costos de producción”. (ver aparte)
En general, los plazos de obra oscilan entre los 36 y 48 meses según las proyecciones oficiales, lo que indica que hacia fines de 2029 y principios de 2030 la mayor parte de las intervenciones debería estar concluida. Para entonces, gran parte de la población mendocina podrá notar en su vida cotidiana la diferencia de un agua potable más limpia y con mejor presión, cloacas que no colapsan, plantas depuradoras que funcionan correctamente y una efectiva y moderna atención a sus demandas en el servicio. Un horizonte que, por primera vez en mucho tiempo, parece al alcance de la mano.
Por EDUARDO CALABRESE




