En diálogo con este medio, Lorenzo Gómez, presidente del Colegio de Profesionales de la Higiene y la Seguridad en el Trabajo de la provincia de Buenos Aires, reflexionó sobre la realidad del sector y acerca de cuáles son los principales desafíos para la prevención de accidentes en las obras públicas.
La siniestralidad es una variable que afecta de manera notable en la industria de la construcción. Según la Superintendencia de Riesgos del Trabajo (SRT), en 2025 se registraron 39.469 notificaciones de días de baja laboral por accidentes, enfermedades profesionales, secuelas incapacitantes y casos fatales.
Este número genera una alerta, ya que representa un incremento en comparación a los 38.666 casos que se asentaron en 2024. A su vez, el sector sufre una fuerte caída de la actividad, lo que influye en la suspensión de la obra pública, y afectaciones por la recesión económica y la inflación.
En ese contexto, es necesario analizar: ¿cuáles son los riesgos actuales para quienes trabajan en la construcción?¿Qué medidas pueden tomarse con el fin de reducirlos?
Para profundizar al respecto, El Constructor dialogó con Lorenzo Gómez, presidente del Colegio de Profesionales de la Higiene y la Seguridad en el Trabajo de la provincia de Buenos Aires (CPSH). Compartiendo la mirada de la institución, sostuvo que “no hay desarrollo de la construcción sin prevención”.
“La obra segura no es la que tiene más papeles, sino la que planifica mejor, capacita más y respeta el rol profesional”, puntualizó.
Los peligros que más se repiten en las obras
Lorenzo Gómez es Licenciado en Seguridad e Higiene por la Universidad Nacional del Litoral. Además de dirigir el CPSH, es presidente del Consejo Federal de Higiene y Seguridad.
Desde su expertise, manifestó que las urgencias más claras son las que explican buena parte de la siniestralidad en el sector: trabajo en altura, excavaciones y movimientos de suelo, riesgo eléctrico, circulación de vehículos y maquinaria dentro de obra, orden y limpieza, y “una planificación preventiva que muchas veces llega tarde o queda reducida a lo formal”.
“A eso le agregaría tres prioridades muy concretas para la provincia de Buenos Aires: presencia real del profesional desde el inicio de la obra, trazabilidad documental seria del legajo técnico, y más capacitación práctica para mandos medios, capataces y contratistas”, completó.
En esa línea, expresó que el problema no suele ser solo la falta de norma, sino su distancia con la ejecución diaria. Por eso, pidió más controles de las Aseguradoras de Riesgo del Trabajo (ART), y del Estado.
Gómez recordó que el marco básico para la actividad en la industria de la construcción es el Decreto 911/96. El mismo establece los derechos y obligaciones de las partes involucradas para la conformación de ambientes seguros de trabajo, como también las medidas a adoptar en cada una de las etapas de la obra. Brinda precisiones para la salud y la seguridad de los trabajadores, abordando tanto las instalaciones, los elementos de protección personal, las protecciones colectivas y aspectos de organización.
Lo complementan la Resolución SRT 231/96, que establece las obligaciones del empleador a partir del inicio de la obra, a los 7 días y a los 15 días, y asigna la carga horaria semanal de los graduados universitarios de seguridad e higiene; y la Resolución SRT 61/2023, que se refiere a la seguridad en altura.
La realidad en el sector de la construcción
Certificar la seguridad en la industria se vuelve esencial al momento de estudiar las estadísticas. “Los últimos datos anuales completos de la SRT muestran que en 2024, la construcción tuvo un índice de incidencia de 69,0 accidentes de trabajo y enfermedades profesionales por cada mil personas cubiertas”, destacó Gómez.
Esto la ubicó entre las tareas de mayor riesgo, sólo por arriba del sector de agua, cloacas, residuos y saneamiento, que registró 86,0 por mil. “El promedio general del
sistema fue de 32,0 por mil, así que la construcción estuvo bastante por encima “, ilustró.
“Es una de las actividades que continúa con altos indicadores, por ello sostenemos que se debe abordar una política integral de prevención de riesgos laborales basada en la cultura preventiva, con un enfoque técnico acompañado de las nuevas tecnologías”, mantuvo el presidente del CPSH.
En tanto, se refirió a cómo la situación económica del país afecta a la siniestralidad dentro de los emprendimientos constructivos. “Cuando una obra pierde previsibilidad financiera aparecen riesgos muy concretos: interrupciones, reprogramaciones, contrataciones fragmentadas, menor mantenimiento de protecciones colectivas, presión por acelerar etapas y pérdida de continuidad en supervisión y capacitación”, explicó.
Si bien eso no significa que la seguridad deba disminuir, Gómez manifestó que con esas condiciones, en la práctica aumenta la exposición al riesgo si no hay conducción técnica firme. “Esta conclusión surge también del contexto actual del sector: la Cámara Argentina de la Construcción (CAMARCO), reclamó en abril de 2026 la reactivación inmediata de obras paralizadas y la cancelación de deuda del Estado con contratistas”, destacó.
En ese sentido, el organismo al que se refirió Gómez emitió sus últimas estadísticas el pasado mes de marzo. Su indicador del costo de la construcción registró un incremento del 1,6% respecto a febrero, con un acumulado anual que aumentó al 5,3%; el del valor de los materiales tuvo una suba en la variación mensual del 0,9%
y un total en el año del 4,1%; y el indicador del costo de la mano de obra creció un 3,2% con un acumulado anual del 7,8%.
Con este contexto, el especialista concluyó en que siempre que cae el sector de la construcción la variable afectada es la higiene y seguridad: “desde la baja de técnicos responsables hasta la compra de elementos de protección personal o el mantenimiento de equipos comienzan un ciclo de involución, que luego cuesta levantar en materia de cultura preventiva”.
La modernización de la prevención
La Inteligencia Artificial y las nuevas tecnologías irrumpieron en las diferentes industrias para quedarse. La higiene y la seguridad no quedan ajenas a estos cambios.
Para Lorenzo Gómez, es necesario aggiornarse pero sin perder de vista que lo esencial no cambió: la planificación preventiva, las protecciones colectivas, la capacitación, el control operativo y la documentación. “Lo que sí debe actualizarse es la forma de gestionar y verificar todo eso”, planteó.
“Hoy es razonable incorporar herramientas como legajos digitales, evidencia georreferenciada, monitoreo remoto, modelado BIM para interferencias y secuencias críticas, sensores, checklists en tiempo real y mejores sistemas de trazabilidad documental”, describió.
Con ese marco, compartió que la normativa actual ya incorpora exigencias documentales más específicas, por ejemplo en trabajos en altura. “Dicho de otro modo: no se trata de reemplazar la prevención tradicional, sino de hacerla más verificable, más anticipatoria y menos burocrática”, definió.
En esa línea, explicó que desde el Colegio de Profesionales de la Higiene y la Seguridad en el Trabajo bonaerense incorporan esa modernización. Lo hacen a través de la digitalización de procesos, la automatización de trámites, la mejora del sistema de matriculación y el fortalecimiento de la formación técnica. “Hoy es lógico en una gran obra utilizar capacitaciones virtuales con refuerzos en el campo laboral”, reflexionó.
La tarea del CPSH: invertir en prevención
A modo de conclusión, el presidente de la institución adelantó cuáles considera que son los principales desafíos a futuro para los trabajadores de la seguridad e higiene. Nombró cinco objetivos a lograr: jerarquizar el rol profesional dentro de la obra, combatir el ejercicio ilegal, adaptarse a nuevas exigencias técnicas y documentales, sostener la formación continua en un contexto cambiante y lograr que la prevención sea vista como inversión y no como costo.
“Desde el Colegio intervenimos de manera concreta”, describió Gómez. “En 2024 se consolidaron acciones como la automatización de trámites, la apertura de nuevas
oficinas, la creación del Área Legal institucional, la participación en espacios técnicos y regulatorios, la firma de convenios interprovinciales y educativos, y la realización de 20 jornadas técnicas y normativas para matriculados”.
A su vez, compartió que ese mismo año se registraron 35.300 trámites y 2.215 altas de matrícula, lo que mostró crecimiento institucional y mayor presencia territorial.
Particularmente, abril es una época especial para la actividad. El 21 de ese mes se celebra el Día Nacional de la Higiene y Seguridad en el Trabajo, fecha que conmemora la sanción en 1972 de la Ley 19.587 de Higiene y Seguridad en el Trabajo. Está legislación fue el antecedente fundamental de la actual normativa en materia de prevención de accidentes laborales.
Además, a nivel internacional, la Organización Internacional del Trabajo también homenajea a este rubro el 28 de abril. Ambas fechas buscan sensibilizar sobre la prevención de riesgos laborales, proteger la vida y la salud psicofísica de los trabajadores, y promover una cultura de seguridad.
Con ese motivo, el CPSH desarrolló el “Mes de la higiene y la seguridad”, en el que invitaron a la comunidad a actividades virtuales y presenciales para conectar, aprender y elevar la vara de la prevención en cada espacio de trabajo.
Realizaron jornadas en Bahía Blanca, Morón y La Plata en las que hablaron de transformación digital, inserción profesional, gestión estratégica, ergonomía y normativas ISO, trabajo seguro en altura y gestión de riesgos en instituciones complejas.
Con estas propuestas, desde el CPSH apuntan al perfeccionamiento del sector. De esta manera, Lorenzo Gómez finalizó: “en un contexto de cambios tecnológicos y restricciones económicas, nuestro desafío es que la seguridad e higiene no retrocedan, sino que se fortalezcan con más profesionalización, más control y más presencia institucional”
Por Romina Toledo



