Con la creación del Programa de Infraestructura Sostenible y Resiliente, el Ministerio de Infraestructura y Servicios Públicos bonaerense busca incorporar criterios ambientales, climáticos y de gestión del riesgo en todo el ciclo de vida de las obras públicas. La iniciativa es abandonar la lógica de la sola emergencia para planificar infraestructura preparada para los desafíos de las próximas décadas.
Durante varios períodos, la planificación de la obra pública estuvo orientada a responder a las necesidades inmediatas: construir rutas, hospitales, escuelas, redes de agua o desagües para acompañar el crecimiento de las ciudades y mejorar la calidad de vida de la población. Sin embargo, el escenario climático actual exige un enfoque distinto. Las lluvias extremas, las olas de calor, las sequías y el aumento del nivel del mar obligan a repensar cómo se ejecutan las obras que deberán servir a las próximas generaciones.
En ese marco, el Ministerio de Infraestructura y Servicios Públicos de la Provincia de Buenos Aires lanzó el Programa de Infraestructura Sostenible y Resiliente, una herramienta estratégica que busca incorporar la sostenibilidad ambiental, la resiliencia climática y la gestión integral del riesgo como criterios permanentes en la planificación de la infraestructura provincial. La iniciativa constituye un cambio de enfoque que atraviesa todas las áreas del ministerio y procura institucionalizar una nueva manera de pensar la obra pública. La creación del programa parte de una constatación contundente: el cambio climático ya no es una amenaza futura, sino una realidad que afecta de manera creciente al territorio bonaerense. Tras registrarse el trienio 2023-2025 como el más caluroso a nivel mundial, la premisa oficial resulta categórica: “La implementación de obras de infraestructura modifica y modificará el funcionamiento de un territorio… se torna estratégico incluir criterios climáticos al planificar, diseñar, ejecutar y monitorear obras con perspectiva de desarrollo sostenible”. La premisa es clara: una infraestructura pensada únicamente con parámetros del pasado corre el riesgo de quedar rápidamente obsoleta frente a eventos meteorológicos cada vez más intensos.
El programa propone superar una mirada exclusivamente ingenieril tradicional para incorporar variables ambientales, sociales y económicas durante todo el ciclo de vida de cada infraestructura. De acuerdo con lo manifestado por la cartera provincial, las obras ya no pueden evaluarse solamente por su capacidad de resolver una demanda puntual, sino también por su desempeño ante eventos meteorológicos severos y por su impacto sobre los ecosistemas. “No solo estamos diseñando para el clima del pasado y presente, sino considerando las proyecciones climáticas futuras”, destacan desde el Ministerio.
La decisión responde a una evidencia concreta: las obras tradicionales que fueron concebidas sobre registros históricos han dejado de ser parámetros fiables. Los sistemas de drenaje urbano, por ejemplo, deberán dimensionarse para precipitaciones mucho más intensas; las defensas costeras requieren prever el ascenso progresivo del nivel del mar; y los edificios públicos deberán adaptarse a olas de calor cada vez más frecuentes y prolongadas.
El programa establece una serie de criterios concretos que podrán incorporarse en cada proyecto. Entre ellos aparecen la utilización de materiales alternativos con menor impacto ambiental (como madera certificada, acero reciclado o productos derivados del PET), sistemas de captación de agua de lluvia, tratamiento local de efluentes, incorporación de energías renovables y mejoras de eficiencia energética.
Asimismo, cobra protagonismo el diseño bioclimático orientado en aprovechar las condiciones naturales del entorno para mejorar el comportamiento ambiental de los edificios. La orientación de una construcción, la ventilación cruzada, el aprovechamiento de la radiación solar, la vegetación circundante y las características del suelo dejan de ser aspectos secundarios para convertirse en variables de diseño capaces de reducir consumos energéticos y aumentar el confort de los usuarios.
EVITAR EL COLAPSO DE LOS SERVICIOS
Si existe un aspecto que atraviesa todo el programa es la decisión de incorporar la resiliencia climática como un criterio permanente de planificación. No se trata únicamente de construir infraestructura más resistente, sino de proyectar obras capaces de seguir funcionando cuando ocurren eventos extremos, minimizando pérdidas económicas, ambientales y sociales.
A instancias del Ministerio sostienen que la infraestructura pública condiciona el funcionamiento de ciudades enteras y, por esa razón, debe pensarse bajo una lógica preventiva: “La gestión tradicional basada en soluciones ‘grises’ no contempla los escenarios climáticos actuales y futuros. Es imprescindible rediseñar la infraestructura contemplando eventos históricos y proyecciones climáticas para asegurar que las obras sigan funcionando en momentos críticos, protegiendo así a las comunidades y reduciendo las pérdidas materiales y humanas.”
Las proyecciones climáticas elaboradas para la Provincia anticipan un aumento sostenido de las temperaturas, la mayor frecuencia de olas de calor, el incremento de las precipitaciones intensas, las sequías prolongadas y el ascenso del nivel del mar obligan a revisar los parámetros con los que históricamente se diseñó la infraestructura bonaerense. Entre los escenarios analizados se proyecta un aumento de la temperatura media superior a los tres grados hacia fines de siglo, más días consecutivos de calor extremo y un incremento considerable de las noches tropicales. Paralelamente, se prevé una mayor intensidad de las lluvias torrenciales, especialmente en el norte y el este de la provincia, incluyendo el Área Metropolitana de Buenos Aires y La Plata, donde crecerá el riesgo de inundaciones y anegamientos.
Las proyecciones en las zonas costeras contemplan un ascenso del nivel medio del mar que podría alcanzar hasta un metro hacia el año 2100, profundizando procesos de erosión e inundaciones por sudestadas en distintos sectores del litoral bonaerense. Para los responsables del programa, estos datos explican por qué ya no alcanza con ampliar la infraestructura existente: resulta imprescindible transformarla.
Desde el Ministerio recuerdan inundaciones históricas como la ocurrida en La Plata en 2013, así como los eventos extremos registrados en Bahía Blanca, San Antonio de Areco y Zárate durante 2025: “Es evidente. Varios de los eventos de los últimos años han sido de magnitudes históricas… ninguna ciudad se ha diseñado o está preparada para resistir eventos de ese calibre, haciendo colapsar los sistemas tradicionales.”
En ese sentido, la estrategia no se limita a construir nuevas obras. También contempla la actualización de criterios de diseño para redes de drenaje, sistemas hidráulicos y procesos de urbanización, de manera que puedan responder a precipitaciones más intensas, temperaturas extremas y vientos de mayor magnitud.
SOLUCIONES BASADAS EN LA NATURALEZA (SBN)
Uno de los aspectos más innovadores del programa es la incorporación de las denominadas Soluciones Basadas en la Naturaleza (SbN), una tendencia que gana espacio en la planificación urbana a nivel internacional.
La propuesta consiste en combinar la ingeniería tradicional con procesos naturales capaces de mejorar el desempeño ambiental de las ciudades. “No necesariamente hay que elegir un sistema u otro, sino que pueden combinarse de acuerdo a las posibilidades de cada obra”, explican desde la cartera gubernamental.
Entre las alternativas aparece la recuperación de bordes de arroyos como espacios verdes, humedales artificiales que funcionen como reservorios temporales durante inundaciones, parques inundables, pavimentos porosos para favorecer la infiltración del agua y la preservación de áreas naturales capaces de amortiguar tormentas y crecidas.
Más que reemplazar a la infraestructura convencional, estas intervenciones buscan complementarla, aumentando su capacidad de adaptación frente a un clima cada vez más variable.
La transformación que propone el Programa de Infraestructura Sostenible y Resiliente no se limita a incorporar nuevas tecnologías o criterios ambientales. También busca modificar la forma en que el Estado planifica sus obras, promoviendo una mayor participación ciudadana y fortaleciendo la transparencia en la toma de decisiones.
Para ello, el Ministerio de Infraestructura y Servicios Públicos desarrolla una plataforma denominada “Ministerio Abierto”, desde la cual vecinos, instituciones, universidades, colegios profesionales y organizaciones sociales podrán acceder a información sobre proyectos en marcha y realizar aportes durante distintas etapas del proceso de planificación.
La iniciativa contempla la incorporación de consultas públicas digitales, espacios virtuales para comentarios sobre obras presentadas en territorio y la ampliación de los denominados Encuentros Regionales “¿Cuánto futuro cabe en la Provincia?”, donde la ciudadanía podrá acercar propuestas destinadas al futuro Plan Estratégico de Infraestructura. Además, el Observatorio de Obras y Servicios Públicos continuará funcionando como ámbito institucional para el intercambio con organizaciones especializadas y actores del sector.
El objetivo es que la sostenibilidad no sea únicamente un criterio técnico, sino también una política construida con aportes provenientes de distintos sectores de la sociedad. Otro de los conceptos que atraviesa el programa es el cambio de lógica respecto del gasto público. Frente a un escenario climático más complejo, la prevención deja de verse como un costo adicional para convertirse en una inversión estratégica.
Desde el organismo sostienen que incorporar resiliencia en la planificación permite disminuir significativamente los costos derivados de futuras emergencias. “La resiliencia y la acción climática no constituyen conceptos abstractos, sino herramientas concretas en respuesta a una realidad concreta. Implican medidas de eficiencia económica, protección de derechos y, sobre todo, de salvaguarda de la ciudadanía”, aseguran.
El argumento se apoya también en datos internacionales. Según la Oficina de las Naciones Unidas para la Reducción del Riesgo de Desastres, por cada dólar invertido en prevención es posible ahorrar entre cuatro y quince dólares en gastos de reconstrucción y recuperación posteriores a un desastre. En ese marco, la infraestructura deja de concebirse únicamente como una respuesta frente a una necesidad inmediata para transformarse en un eje de adaptación climática, protección social y desarrollo económico.
El plan también propone integrar la infraestructura con los sistemas de alerta temprana y el monitoreo hidrometeorológico. La lógica es sencilla: mientras los sistemas de alerta permiten anticipar amenazas y activar protocolos de emergencia, una infraestructura diseñada con criterios de resiliencia disminuye el impacto físico de esos fenómenos y facilita que las ciudades continúen funcionando durante y después de la emergencia. Ambas herramientas son concebidas como partes complementarias de una misma estrategia de adaptación.
Del mismo modo, las autoridades consideran que fenómenos como El Niño, asociados al incremento de precipitaciones intensas en la región, obligan a reforzar el mantenimiento de canales, desagües y obras hidráulicas existentes, además de mejorar la gestión del suelo para reducir procesos de erosión y aumentar la capacidad de respuesta de los sistemas urbanos y rurales.
El aspecto más significativo del Programa de Infraestructura Sostenible y Resiliente sea que no se presenta como un conjunto de obras específicas, sino como un nuevo marco institucional destinado a orientar todas las intervenciones futuras del Estado provincial. En lugar de establecer un catálogo cerrado de soluciones técnicas, la iniciativa fija lineamientos para que cada proyecto incorpore criterios de sostenibilidad ambiental, adaptación climática y gestión del riesgo desde su concepción hasta su operación.
La propuesta representa, en definitiva, un cambio profundo en la manera de entender la obra pública. “Pasamos de una lógica tradicional que generalmente consiste en atender una urgencia inmediata a una en la que, además de resolver lo inmediato, se integra la gestión del riesgo de desastres y la adaptación climática como ejes de diseño”, explican desde el Ministerio. Y concluyen con una definición que sintetiza el espíritu de la iniciativa y el desafío que enfrenta la infraestructura pública bonaerense en un contexto de creciente incertidumbre climática: “La infraestructura no es solo cemento, sino un sistema vivo que debe ser sostenible, resiliente y una garantía de derechos.”
Con este proyecto, la Provincia de Buenos Aires plantea que la obra pública del futuro ya no podrá medirse únicamente por la cantidad de kilómetros construidos o los metros cuadrados inaugurados. También deberá evaluarse por su capacidad para proteger a las comunidades, preservar los recursos naturales y responder a un escenario climático que exige planificación de largo plazo. En esa visión, la sostenibilidad deja de ser un atributo deseable para convertirse en un componente estructural.
Por RITA PIRIS



