Los humedales son parte fundamental del paisaje de llanuras en la provincia de Buenos Aires. Ante esa realidad, especialistas explicaron a El Constructor cómo es el correcto manejo del agua para el mantenimiento de la red vial rural en el territorio.
Los caminos rurales son un componente esencial en el desarrollo integral y la conectividad en cada región del país. Estos aseguran el traslado de la producción desde los campos a los puntos de distribución, a la vez que facilitan el acceso a servicios básicos como la educación y la salud a quienes viven lejos de los centros urbanos.
En Argentina, la infraestructura vial rural es de 500 mil kilómetros, lo cual constituye el 82% de la red de rutas a nivel nacional. De ellos, 260 mil se encuentran en la Pampa húmeda, y 105 mil en la provincia de Buenos Aires.
Esta zona se caracteriza por la presencia de bajos y humedales, que tienen un rol clave como reservorios temporales de agua en la llanura. Por eso, es necesario considerar las obras hidráulicas como un elemento fundamental a la hora de desarrollar y mantener los caminos rurales.
En esa línea trabajan desde el Área de Hidráulica y Vías de Comunicación del Departamento de Ingeniería Civil y Agrimensura, perteneciente a la Facultad de Ingeniería de Olavarría, de la Universidad Nacional del Centro de la Provincia de Buenos Aires (FIO-UNICEN). Macarena Menon Bellagamba, ingeniera civil y docente de dicha unidad académica, afirmó: “En ingeniería vial rural, la hidráulica no es un agregado opcional: es el factor que determina el éxito o el fracaso de la infraestructura”.
PLANIFICAR DESDE EL AGUA Y LOS CAMINOS
El equipo de trabajo de la FIO – UNICEN tiene un amplio historial en el desarrollo de servicios técnicos y de consultoría en el ámbito de la vialidad rural. Según compartieron sus integrantes, el objetivo central de estas intervenciones es identificar de manera rigurosa las problemáticas del escurrimiento superficial en interacción con la red vial.
A partir de este análisis, proponen directrices técnicas de drenaje y criterios específicos que se adaptan a las particularidades hidrológicas, geológicas y viales de cada distrito. “En 2011 se realizó el primer Plan Maestro para la Red Vial Rural del Partido de Olavarría, que se complementó en 2018 con el Plan Hidráulico Ordenador. Luego se ejecutaron diferentes trabajos sobre los caminos rurales en Trenque Lauquen, Adolfo Gonzales Chaves, General La Madrid, Florentino Ameghino, General Viamonte y Bolívar”, recordaron.
Desde esa expertise, Macarena Menon Bellagamba (junto a quienes integran el Área de Hidráulica y Vías de Comunicación) aseguró que el manejo del agua condiciona la transitabilidad y la durabilidad de cualquier calzada no pavimentada. “Históricamente, la planificación vial rural se enfocó casi de forma exclusiva en el movimiento de suelos y la resistencia mecánica de la capa de rodadura”, explicó.
“Sin embargo, la experiencia demuestra que un mal diseño hidráulico genera un deterioro prematuro de la calzada, de manera independiente a la intensidad o el peso del tránsito que circule por ella”, agregó.
Así, destacó que los caminos rurales no son líneas aisladas, sino infraestructuras estrechas y extensas que se interponen y alteran el drenaje natural de las cuencas. “Si el agua no se encauza o cruza de forma correcta, el camino se convierte en un dique o en un canal no deseado, lo que provoca erosión, pérdida de material de rodadura y como consecuencia la intransitabilidad del camino por anegamiento”, describió Menon Bellagamba junto al equipo de FIO-UNICEN.
“Considerar la hidráulica desde la planificación permite pasar de la ‘reparación tras la emergencia’ a una gestión preventiva y sustentable de la red”, reflexionó. “Una obra hidráulica mal resuelta hoy, se paga mañana con presupuestos de mantenimiento”.
DRENAJE RURAL: LA SITUACIÓN ACTUAL EN BUENOS AIRES
Quienes integran el Área de Hidráulica y Vías de Comunicación de la FIO-UNICEN, elaboraron en 2018 el Plan Hidráulico Ordenador del Partido de Olavarría. El mismo presentaba un diagnóstico de los conflictos existentes con respecto a la temática en los 2300 kilómetros de caminos rurales del territorio.
A partir de entonces, relevan cómo es el manejo del agua en la red vial rural del centro y el oeste de la provincia de Buenos Aires. Su metodología de trabajo combina tareas en gabinete con trabajo de campo; para lo que emplean un Sistema de Información Geográfica que centraliza los datos y analiza imágenes satelitales y modelación hidrológica.
Además, recorren metro a metro las trazas de manera presencial, con el fin de georreferenciar las obras de arte e información relevante de la red. A su vez, incorporan en el análisis los conocimientos que obtienen del intercambio con actores locales, como funcionarios municipales, vecinos, productores y la comunidad rural.
Con ese método ya censaron 6 mil kilómetros de caminos rurales en 6 municipios bonaerenses. Los relevamientos pusieron en evidencia que las falencias se repiten en mayor o menor medida en los diferentes territorios.
Macarena Menon Bellagamba describió algunas de las principales observaciones que obtuvieron. Una de ellas es el deterioro o la falta de mantenimiento de las alcantarillas transversales a los caminos rurales. “Es la patología que más se extiende; de todos los casos que se estudiaron el porcentaje de alcantarillas rotas, tapadas por completo o cubiertas por la vegetación superó el 25%”, agregó.
Los investigadores detectaron de forma repetida la colocación de tubos de hormigón sin la cobertura de suelo (tapada) suficiente, “lo que provoca que el tránsito aplaste o perfore la estructura y la alcantarilla deje de cumplir su función de conducción”, explicó la ingeniera civil.
En tanto, determinó que es muy común observar alcantarillas sin cabeceras, lo que facilita el desmoronamiento de la calzada sobre la embocadura del tubo y puede generar erosión y socavación con la falla del terraplén por arrastre del suelo. “Esto se ve perjudicado además por las maniobras de mantenimiento, donde las alcantarillas no son detectadas y terminan siendo arrastradas por las cuchillas de las motoniveladoras”, manifestó.
Otra situación frecuente es la inexistencia o inoperatividad de alcantarillas longitudinales en las tranqueras de acceso a los establecimientos productivos. Menon Bellagamba detalló que, en ciertas zonas, los terraplenes de ingreso en los laterales del camino suelen convertirse en un dique involuntario para la red de cunetas, que interrumpe el flujo longitudinal del agua y provoca su acumulación en zonas indeseadas.
Asimismo, observaron en gran parte de la red el “efecto bordo», que se genera durante el perfilado habitual del mantenimiento. La especialista explicó que la maquinaria suele arrastrar tierra y vegetación hacia los bordes o el centro de la calzada, lo que conforma acumulaciones de tierra que actúan como diques de contención del agua en el camino. De esta manera se generan ahuellamientos y barriales.
“En algunos casos, las cunetas longitudinales por la falta de pendiente o la presencia de pequeños terraplenes, perdieron su función de conducción y actúan como reservorios permanentes de agua estancada, ablandando la subrasante del camino por infiltración lateral”, agregó.
Por último, trajo a colación una problemática común que no se relaciona de manera directa con la hidráulica, pero es crítica para la seguridad vial en la zona rural. Se trata de la falta generalizada de cartelería vertical y señalización. “Es recurrente encontrar zanjas o cunetas profundas, alcantarillas rotas con pozos sobre la calzada, vados caudalosos o tramos interrumpidos por lagunas sin ninguna señalización previa que advierta al conductor sobre el peligro inminente”, alertó.
“NINGUNA OBRA HIDRÁULICA DEBE SER AISLADA”
Es necesario tener en cuenta el entorno natural en el que se emplazan los caminos rurales, para comprender la mejor forma de planificarlos, concretarlos y asegurar su mantenimiento en un futuro. En este caso, en la llanura pampeana, los humedales, las lagunas encadenadas y los bajos naturales son el sistema de regulación hídrica nativo de la región.
Estos tienen la capacidad de amortiguar y laminar los grandes volúmenes de agua durante las precipitaciones extremas, al acumular el exceso de escurrimiento superficial para liberarlo de forma lenta por evaporación e infiltración.
“Aunque el comportamiento del agua en la llanura responda a principios hidrológicos comunes, cada cuenca y cada tramo de la red vial presenta una realidad técnica y exige un estudio particular multidisciplinar”, puntualizó Macarena Menon Bellagamba. En ese sentido, resaltó que “ninguna obra hidráulica debe proyectarse de manera aislada”.
“Su diseño y evaluación técnica deben integrarse necesariamente dentro de la dinámica global de la cuenca hidrográfica a la que pertenece, entendiendo que cualquier intervención puntual genera impactos aguas arriba y abajo”, destacó.
Así, desde el equipo de FIO-UNICEN, hicieron hincapié en lo esencial de adoptar una visión sistémica. “Hay que entender que la red vial se inserta en una cuenca hidrográfica y altera indefectiblemente el flujo natural del agua en la misma. Debemos intentar que los caminos sean ‘transparentes’ y alteren lo mínimo posible su escurrimiento habitual”, aclararon.
Esta mirada coincide con el cambio de paradigma fundamental que se experimentó en la hidrología en general en las últimas décadas. La ingeniera Menon Bellagamba explicó que se pasó del modelo tradicional de «acelerar el drenaje para sacarse el agua de encima», a enfoques de retención, retardo e infiltración. “Se busca amortiguar los picos de crecida y bajar la velocidad de conducción, para retardar los tiempos de llegada”, amplió.
La especialista ilustró que estas soluciones modernas se basan en prácticas agronómicas y de conservación que aumentan la capacidad del suelo para absorber y retener el agua. También, en lugar de canalizar los excedentes hacia un arroyo principal a gran velocidad, se pueden diseñar pequeñas estructuras en la red de drenaje para laminar el flujo. “Lo que se busca es devolverle al paisaje rural su capacidad de absorción de agua original, al utilizar la vegetación y los humedales como reguladores hídricos”, esclareció.
Los bajos y humedales en la provincia juegan un papel fundamental como reservorios temporales de agua en la llanura. Es importante respetar su rol, y evitar usar las cunetas longitudinales con este propósito.
LA PLANIFICACIÓN HIDRÁULICA COMO PUNTO DE PARTIDA
Con estas características hidrológicas, desde el Área de Hidráulica y Vías de Comunicación de la FIO-UNICEN, resumieron algunos de los problemas principales. Subrayaron que los caminos transversales al recorrido del curso hídrico actúan como barreras que generan un «efecto embalse», y elevan la cota de agua donde se genera la corriente, hasta superar la rasante del camino.
Para evitarlo, se debe diseñar la red vial rural como estructuras «permeables», mediante alcantarillas transversales.
A su vez, en los caminos paralelos al escurrimiento, si la calzada carece de un gálibo (abovedamiento) adecuado y se obstruyen las cunetas laterales, el agua tiende a escurrir sobre el propio sendero. Esto genera el destructivo «efecto canal», que erosiona el material y corta la vía. Allí cobran especial importancia las alcantarillas que se colocan en los ingresos hacia los campos en los laterales del camino.
Pero, sobre todo, los especialistas insisten en que, más que pensar en grandes obras de infraestructura, la principal necesidad en la red rural bonaerense radica en jerarquizar y optimizar los trabajos de mantenimiento. “Parte de la problemática actual no se resuelve con nuevas construcciones, sino al lograr que las tareas habituales de conservación de los caminos sean técnicamente efectivas y sostenibles en el tiempo”, explicó Menon Bellagamba.
Por eso, elaboraron una lista de recomendaciones al pensar en los caminos rurales bonaerenses. “A la hora de realizar el mantenimiento se sugiere la limpieza y desobstrucción periódica de obras de arte, un correcto perfilado y abovedado del camino, limpieza y conformación de cunetas y adecuación y reemplazo de alcantarillas rotas como principales puntos”, afirmaron.
En esa línea, puntualizaron en la necesidad de dejar de lado el mantenimiento reactivo (es decir, una vez que el problema ya existe), y adoptar una conservación planificada y permanente de toda la red vial rural. Con ese espíritu, nombraron obras a ejecutar.
Una de ellas es la realización de alteos en sectores donde la cota del camino se encuentra por debajo del nivel de terreno circundante; con atención a que la rasante cuente con un abovedado adecuado que permita el escurrimiento del agua hacia las cunetas. “Esto debe combinarse siempre con la colocación de alcantarillas transversales en puntos bajos para que actúen como vasos comunicantes”, repitieron en este punto clave de las obras hidráulicas.
Recomendaron también la conformación de cunetas de manera que conduzcan el agua de manera continua hacia los receptores naturales sin acumular el agua ni erosionar el camino.
Asimismo, indicaron la incorporación de nuevas alcantarillas y sustitución de aquellas que se encuentren en diferentes grados de deterioro. “Las mismas deben diseñarse y dimensionarse con una adecuada capacidad de descarga; a la vez que construirse de manera correcta para otorgarles durabilidad”, definieron.
Por último, sugirieron la realización de pequeñas obras complementarias como la colocación de cabeceras de alcantarillas, la incorporación de disipadores de energía en sectores de fuerte erosión hídrica o construcción de vados estabilizados en sectores de bajos topográficos del camino.
ROL DEL MINISTERIO DE DESARROLLO AGRARIO
Los diferentes puntos de análisis y recomendaciones que elaboraron quienes integran el Área de Hidráulica y Vías de Comunicación de la FIO-UNICEN, se reflejan en la visión de las autoridades. Para conocer más sobre las intervenciones estatales en la red vial rural, El Constructor dialogó con Jonatan Sánchez Sosa, licenciado en Ciencia Política y Director provincial de Logística, Infraestructura en Conectividad y Trabajo Rural del Ministerio de Desarrollo Agrario de Buenos Aires.
Cabe destacar que desde 2020, esta institución lleva a cabo el Plan de Mejora de Caminos Rurales, cuyo objetivo es perfeccionar la red mediante la adquisición de materiales e implementos para la realización de obras que garanticen la circulación de cargas y habitantes de las distintas regiones.
Se ejecuta a través de transferencias a los municipios, para que puedan realizar proyectos específicos que permitan renovar los caminos de la provincia presentes en su distrito. Sánchez Sosa recordó que la Ley 13.010 les cedió a estos el mantenimiento y conservación de las rutas no pavimentadas en el territorio bonaerense.
“También tienen en su órbita la responsabilidad de los caminos rurales municipales”, agregó. Para eso, las comunas suelen cobrar una tasa bilateral que financia la contraprestación. “Lo que el Plan tiene como propósito es suplantar estos gastos con un subsidio que se destina a la mejora o la generación de parques viales municipales”, explicó.
El funcionario describió que, en algunos casos, el dinero tiene como fin la adquisición de elementos para un camino en particular: alcantarillados, materiales estabilizantes y anulares, piedras, rocas, entre otros. En ocasiones distintas, el recurso sirve para obtener maquinarias que permiten intervenir un trayecto acordado en conjunto. Luego, ese equipamiento queda para tareas rutinarias.
“Desde 2020 intervenimos más de 5.500 kilómetros de caminos rurales, a través de distintos subsidios”, se enorgulleció Sánchez Sosa. “Esto equivale a unas 455 asistencias en las distintas etapas que llevamos hasta el momento”, aclaró.
En ese proceso, debieron trabajar con más de 110 municipios, lo que implicó atender a sus especificidades. “Cada uno conlleva una articulación en particular: algunos tienen actividades más centralizadas, otros comisiones viales o cooperativas”, ejemplificó
A su vez, manifestó que si bien las mejoras muchas veces deben actualizarse (por la propia dinámica de los suelos); es significativo saber que los 5.500 kilómetros se atendieron con cierta especificidad, no solo con mantenimiento de repaso con una motoniveladora.
OBRAS HIDRÁULICAS FRENTE AL FENÓMENO EL NIÑO
El Director provincial de Logística, Infraestructura en Conectividad y Trabajo Rural, ilustró que los trabajos en la red vial rural dependen de la época y del distrito bonaerense donde se intervenga. “Tenemos una provincia muy diversa, a la vez que diferentes fenómenos climatológicos”, agregó.
Es por eso que cada camino requiere una acción determinada: “a veces son alcantarillados, en otros casos son alteos”, puntualizó. Sin embargo, el funcionario compartió que desde 2025 trabajaron con municipios del oeste bonaerense, como 9 de Julio, Bragado o Carlos Casares, en los que es necesario priorizar las formas de escurrimiento del agua en la red rural vial.
“Allí el Plan Estratégico de mejora de caminos rurales se convirtió en un plan de emergencia, porque más que planificar un perfeccionamiento, buscó atender o mitigar el impacto de la situación natural”, afirmó. Así, se promovieron acciones como el reemplazo de alcantarillado, el alteo de los caminos o la incorporación de obras que garanticen el escurrimiento del agua.
Hubo lugares donde se pudo intervenir, y otros que aún no permiten demasiadas instalaciones por la humedad del suelo, ya que son zonas todavía anegadas por la cantidad de precipitaciones del pasado año. “En la medida de lo posible se trabaja para mitigar el impacto que pueda tener una situación crítica y extraordinaria”, agregó el especialista. “A su vez, si se puede planificar y avanzar con mejoras, mejor”.
En esa línea, coincidió con Macarena Menon Bellagamba al asegurar que no siempre es necesario iniciar una obra hidráulica desde cero, sino efectivizar el mantenimiento de las ya existentes. “Ese también es el reclamo de la sociedad civil, limpiar las cunetas, reemplazar tubos rotos, entre otras acciones”, manifestó Sánchez Sosa.
“No sé puede evitar el nivel de precipitaciones que ocurren en la actualidad, pero sí garantizar el escurrimiento de agua y que no se estanque mucho tiempo en un mismo lugar”, concluyó. Por último, el funcionario destacó la continuación por parte del gobierno bonaerense del Plan Maestro Integral de la cuenca del Río Salado, que ayudará a evitar anegaciones.
Con este análisis, queda claro que el correcto diseño de un camino rural es una combinación entre ingeniería vial e hidráulica. Y si bien, cada territorio tiene particularidades que requieren una cierta metodología, la visión debe ser sistémica, para considerar a la red dentro de la cuenca hidrográfica en la que se emplaza.
Por ROMINA TOLEDO



