Facundo Contreras, country manager de ADSTigre Argentina, describe un escenario en transformación para la infraestructura hídrica, donde la demanda se vuelve más técnica y selectiva. Los eventos climáticos extremos y los cambios en el modelo de inversión posicionan al manejo del agua como un factor determinante en los proyectos y redefinen el rol de las empresas, que pasan de proveer productos a ofrecer soluciones integrales con impacto directo en la eficiencia y la productividad.
¿Cómo evalúan hoy la demanda de soluciones de drenaje y gestión del agua dentro del sector de la construcción y la infraestructura en Argentina?
La demanda de soluciones de drenaje y gestión del agua en Argentina está en transición. El freno de la obra pública redujo volumen en infraestructura tradicional, pero aceleró el crecimiento en agroindustria, minería e infraestructura privada, y el agua pasó a ser un factor crítico.
Hoy el mercado está menos traccionado por volumen y más por necesidad técnica. Los eventos climáticos extremos y las mayores exigencias de productividad están elevando el estándar: Se buscan soluciones eficientes, durables y con mejor performance hidráulica.
Es una demanda más selectiva, pero también más sofisticada, que obliga a adaptarse a un contexto donde lo técnico y lo económico-financiero pesan por igual
Frente al aumento de eventos climáticos extremos, ¿qué cambios están observando en los requerimientos técnicos de las obras?
El cambio es concreto: hoy ya no se diseña para condiciones promedio, sino para escenarios de estrés. Las obras están empezando a incorporar criterios de mayor capacidad hidráulica, resiliencia y vida útil, porque los eventos extremos dejaron de ser excepcionales.
En la práctica, esto se traduce en sistemas de drenaje más eficientes, mayor previsión en la evacuación y almacenamiento del agua, y una mirada más integral del proyecto, donde el drenaje se incorpora desde el diseño y no como una corrección posterior.
También vemos una mayor exigencia en la calidad de los materiales y en la velocidad de instalación, porque los plazos son cada vez más ajustados y los márgenes de error más bajos.
El desafío es pasar de soluciones reactivas a infraestructura preparada para escenarios más exigentes y variables.
ADSTigre trabaja con sistemas de tuberías de PEAD. ¿Qué factores están impulsando su adopción frente a materiales tradicionales?
La adopción de sistemas en PEAD está impulsada por una combinación de performance, eficiencia y costo total de obra. No es solo un cambio de material, es un cambio de lógica.
Frente a soluciones tradicionales, el PEAD ofrece mayor capacidad hidráulica, menor peso, rapidez de instalación y una vida útil significativamente superior. Esto impacta directamente en plazos de obra, costos logísticos y mantenimiento a largo plazo.
Además, hay un factor clave: la previsibilidad. En contextos como el Argentino, donde los márgenes son cada vez más finos, contar con sistemas más confiables y estandarizados reduce riesgos operativos.
Como compañía entendemos que la decisión ya no pasa solo por el costo inicial, sino por la eficiencia del sistema en todo su ciclo de vida. En tal sentido el PEAD empieza a consolidarse como una solución técnica superior, sumado al servicio en ingeniería y postventa.
¿Qué tipo de proyectos (urbanos, viales, mineros o agrícolas) están hoy generando mayor actividad para la empresa?
Hoy la mayor dinámica está en Agroindustria y Minería, donde el drenaje cumple un rol directo en la productividad y la continuidad operativa. Son industrias con niveles de inversión sostenidos y menos dependientes del ciclo de la obra pública, con necesidades técnicas muy concretas.
En infraestructura, el segmento privado (parques industriales, desarrollos logísticos y urbanos) se mantiene activo. En estos proyectos, el manejo del agua empieza a integrarse desde el diseño y deja de ser una solución de contingencia.
En ese contexto, el diferencial pasa por cómo se acompaña el proyecto. La experiencia muestra que el mayor valor se genera cuando hay participación desde el diseño hasta la implementación y el seguimiento en obra. En Agroindustria esto es especialmente claro: a través de ADSTigre Agricultura trabajamos con una lógica integral, donde el “tubo” es la consecuencia de un análisis técnico que combina ingeniería, tecnología y conocimiento del sistema productivo.
Ese enfoque es el que está redefiniendo el rol de las empresas del sector, que pasan de proveer productos a ofrecer soluciones con impacto directo en la eficiencia del uso del agua.
En obras de infraestructura, ¿qué impacto tiene una correcta planificación del drenaje en los costos y plazos de ejecución?
El impacto de una buena planificación es directo y muchas veces subestimado.
Cuando el drenaje se incorpora desde el diseño, reduce retrasos, reprocesos y sobrecostos. Permite optimizar la obra y evitar soluciones correctivas que suelen ser más caras e ineficientes. Además, mejora el desempeño a lo largo de la vida útil del proyecto. A esto se suma el financiamiento, que hoy es parte de la ecuación. Contar con esquemas alineados a los tiempos de obra permite viabilizar proyectos que de otra forma no avanzarían.
La empresa suele involucrarse en etapas tempranas de los proyectos. ¿Cómo es la articulación con estudios de ingeniería y constructoras en la práctica?
La articulación es cada vez más temprana y más colaborativa. Los proyectos más eficientes son los que integran el drenaje desde la etapa de diseño, con un trabajo conjunto entre ingeniería, constructora y proveedor.
El rol pasa por aportar criterio técnico desde el inicio, optimizar antes de ejecutar y acompañar durante la obra para asegurar que lo diseñado se traduzca correctamente.
Un buen ejemplo es lo que estamos desarrollando con ADSTigre Agricultura, donde el drenaje se piensa a nivel sistema y se trabaja de forma integral con el productor. Esa lógica es la que empieza a replicarse en otros sectores.
¿Cuáles son hoy los principales desafíos para el desarrollo de infraestructura hídrica en Argentina, tanto desde lo técnico como desde lo económico?
El principal desafío hoy es el cambio de modelo. La obra pública tradicional dejó de ser el motor, y eso trasladó al sector privado la responsabilidad de estructurar proyectos viables. Constructoras, entidades financieras y provincias están aprendiendo a trabajar en conjunto para que las obras sucedan.
En ese contexto, ya no alcanza con ofrecer un buen producto. El diferencial pasa por la propuesta integral: calidad, financiamiento, disponibilidad y servicio. El servicio, en definitiva, es lo que termina marcando la diferencia en un mercado cada vez más competitivo.
Pensando en los próximos años, ¿qué tendencias van a marcar la evolución del sector en materia de sustentabilidad y manejo del agua?
El manejo del agua va a pasar a ser un eje central del diseño, tanto en infraestructura como en sistemas productivos. Vamos hacia soluciones más integradas, donde drenaje, almacenamiento y eficiencia hídrica se piensan en conjunto, con mayor uso de tecnología para diseño y gestión.
También va a crecer la exigencia sobre durabilidad e impacto ambiental, no solo por regulación sino por una mayor conciencia en toda la cadena. El desafío es dejar de resolver problemas puntuales y empezar a diseñar sistemas que acompañen el desarrollo en el largo plazo.



